19. La hora de la alegría

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10:45 a.m.

El erizo azul descubrió un pasadizo secreto entre las maderas de la cocina. A pesar de haber descubierto el secreto de Amy, se tomó su tiempo para pensar en lo que haría...

Bajar por esas extrañas escaleras lo ponían cada vez más nervioso, algo que tal vez no se notaba por qué sus pasos parecían firmes, aunque discretos. Las escaleras metálicas crujían apenas bajo su peso.

Sonic descendió despacio. Demasiado despacio para alguien que podía cruzar continentes en segundos. Cada peldaño era una cuenta regresiva. El aire cambiaba conforme bajaba: ya no olía a polvo… olía a hogar.

A un hogar vivo...

•••

11:00 a.m.

La luz tenue del final de la escalera le dibujó sombras largas en el rostro cuando por fin tocó el suelo.

Y entonces la vio.

Aquel búnker no era un escondite improvisado. Era una réplica.

La misma sala... La misma repisa con figuritas. La misma mesa. Incluso el mismo jarrón con flores falsas ligeramente torcido hacia la derecha. Amy había reconstruido su mundo bajo tierra… pieza por pieza.

Pero esta versión respiraba.

Había mantas desordenadas sobre el sillón. Una taza tibia sobre la mesa. Música suave saliendo de un pequeño reproductor.

Y ella.

Amy caminaba descalza, en ropa interior ligera y cómoda, sus púas más largas y cayéndole por la espalda. No había tensión en sus hombros. No había sonrisa forzada. No había esa alerta constante de “¿dónde está Sonic?”.

Se movía… libre.

Se detuvo frente al espejo de la réplica del pasillo y giró sobre sí misma, como probando el espacio.

"Que linda..." murmuró, apenas audible, pero con una sonrisa que fracturaba el ego de Sonic.

Él no respiraba.

El alivio lo golpeó primero.

Estaba viva. Estaba bien. No estaba herida. No estaba llorando.

Pero ese alivio se pudrió en segundos.

Porque estaba bien… sin él.

Su pecho empezó a arder.

Amy tomó la taza y dio un sorbo tranquilo. Luego se dejó caer en el sofá, abrazando un cojín. Sus ojos se cerraron con una calma que él no recordaba haberle visto jamás.

Ese gesto.

Esa paz.

No la había visto nunca cuando estaba con él.

Algo oscuro se retorció dentro de Sonic.

Yo la estaba buscando como un loco… y ella está aquí… descansando.

Su mente comenzó a distorsionar la escena...

No era descanso. Era abandono.

No era calma. Era reemplazo.

Dio un paso al frente sin pensarlo.

La madera del suelo crujió.

Amy abrió los ojos.

El tiempo se rompió.

Ella lo miró.

Primero confusión, después sorpresa, dando espacio a algo que él no supo leer.

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