20. Quiebre

197 23 3
                                        

11:04 a.m.

Sonic no se movió.

La mano de Amy seguía sobre su pecho, y él la dejó ahí, como si ese contacto fuera lo único que lo anclaba al suelo. Podía sentir su propio corazón golpeando contra la palma de ella. Demasiado rápido. Demasiado evidente.

"Que lo note" pensó. "Que sepa lo que me está haciendo"

Amy sostuvo su mirada tres segundos más antes de apartar la mano y rodear el sofá. No huyendo. Solo poniendo distancia con dignidad.

Él observó cada movimiento.

El búnker lo absorbía por capas. Primero la réplica, que le había robado el aire al bajar las escaleras. Ahora los detalles pequeños: una muda de ropa doblada sobre la silla. Una novela con el lomo roto sobre la mesita. Un vaso con agua y una rodaja de limón.

"Lleva tiempo aquí"

No era un escondite de emergencia. Era un proyecto. Algo construido con paciencia, con intención, con la determinación silenciosa que Amy siempre había tenido y que él había aprendido a ignorar porque era más fácil que reconocerla.

Ella lo había construido lejos de él.

Ese pensamiento no llegó como insulto. Llegó como diagnóstico.

••••••••

Amy abrió un cajón y sacó una sudadera. Se la puso sin prisa, de espaldas a él, como si ya hubiera decidido que Sonic era un mueble que tendría que tolerar.

"Si vas a quedarte" dijo sin girarse, "no toques nada."

"Bien..."

"Y no me hables si no tengo ganas de escucharte"

"Bien..."

Ella se giró. Lo miró con suspicacia. "¿Tan fácil?"

"Te dije que me quedaba. No dije que sería un problema."

Amy lo estudió un momento, buscando la trampa. Luego señaló el sillón con un gesto seco. "Ahí. Y quítate las botas, que este piso lo limpié yo."

Sonic miró el sillón. Miró sus botas. Miró a Amy.

Se quitó las botas.

••••••••

11:31 a.m.

La calma duró veintisiete minutos.

Sonic los contó. No tenía otra cosa que hacer porque Amy había tomado su novela y había ignorado su existencia con una eficiencia que él encontraba, cuanto más la observaba, absolutamente insoportable.

No era que lo odiara. Eso lo habría entendido.

Era que lo había categorizado. Problema resuelto por ahora. Continuar con el día.

Se levantó del sillón.

"¿Cuánto tiempo llevas aquí abajo?"

Amy pasó la página. "No es tu asunto."

"Solo han sido un par de meses, ¿verdad?"

Silencio.

"Amy..."

"¿Qué parte de 'no me hables si no tengo ganas' no entendiste?"

Sonic cruzó los brazos. Descruzo los brazos. Caminó hasta la repisa y examinó las figuritas, réplicas exactas de las de arriba, y eso volvió a encenderle algo en el pecho.

"Esto es enfermizo" murmuró, sin pensar.

Amy cerró el libro.

Despacio. Con cuidado. Con la clase de calma que precede a las tormentas.

"¿Perdón?"

"No lo dije como insulto-"

"Lo dijiste como si yo fuera la que tiene un problema." Se levantó. "Tú bajaste por un pasadizo secreto a mi espacio privado y yo soy la enfermiza."

"¡Porque construiste una copia de tu casa bajo tierra, Amy! ¿Eso no te parece-?"

"¡Esto ya existía, Sonic! ¡Y lo hubieras sabido si tan solo hubieras intentado escucharme!, ¡Solo necesitaba un lugar donde sentirme en casa sin esperar que llegara nadie!" Le apuntó con el libro sin soltarlo. "¡Un lugar que fuera completamente mío! ¿Sabes lo que es eso? ¿Tener algo completamente tuyo?"

"¡Sí lo sé!"

"¡Mientes! ¡Tú no tienes casa, Sonic! ¡Tú tienes el mundo entero porque el mundo entero se abre para ti! ¡Pero yo no soy el mundo entero, ni siquiera formó parte de la más minúscula particular del mundo! ¡Yo soy solo Amy, la Amy que necesitaba cuatro paredes que nadie pudiera quitarle!"

La acusación le pegó de lleno porque era verdad y él lo sabía y odió saberlo.

"No te estoy quitando nada-"

"¡Estás aquí!" Abrió los brazos. "¡Estás aquí y ya no es solo mío..."

Sonic dio un paso hacia ella. Amy se mantuvo firme. "Lárgate, Sonic."

"No"

"Que. Te. Vayas."

"No me voy"

"¡Te lo estoy pidiendo!"

"¡Y yo te estoy diciendo que no!" Su voz se quebró por el borde. "¡Que no puedo! ¡Que bajé esas escaleras y te vi y respiré por primera vez en días y no sé cómo hacer lo que me estás pidiendo!"

Amy abrió la boca. La cerró.

El libro cayó al suelo sin que ella lo notara.

Sonic estaba frente a ella antes de que ninguno de los dos procesara que había cruzado la distancia. Demasiado cerca. Su respiración era un desastre.

"Para-" empezó Amy.

Él la besó.

No fue suave. No fue una pregunta. Fue la conclusión de algo que llevaba días acumulándose sin nombre, el punto donde el miedo y la culpa y los veintisiete minutos de silencio insoportable convergían en un solo punto de contacto.

Amy levantó las manos contra su pecho.

Lo empujó.

Él no se fue.

La besó otra vez, más despacio ahora, con algo que era casi una disculpa pero no del todo, con algo que era casi una promesa pero tampoco, con algo que no tenía nombre pero que ella reconoció porque lo había esperado tanto tiempo que su cuerpo lo recordaba antes que su mente.

"Sonic..." murmuró contra su boca.

No era una orden. No era un permiso.

Era solo su nombre, dicho de una manera que él no la había escuchado decirlo jamás.

Y ella no se movió.

Sus manos dejaron de empujar. Pero las de él hallaron su lugar en su cintura y en su cuello, llevándola lentamente contra una de las paredes.

El búnker sostuvo el silencio alrededor de los dos, las figuritas en la repisa, la taza tibia, la novela en el suelo, la réplica de un hogar siendo testigo de algo que no tenía réplica posible.

Arriba, el mundo seguía sin ellos, pero abajo, dos personas decidían, sin palabras, que algunas cosas no podían seguir esperando.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Jun 19 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Tiempo a solas Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora