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•Casi otra vez•

El laboratorio no estaba en silencio.

Pero tampoco estaba vivo.

Era ese punto incómodo donde todo funciona... pero nada avanza.

Las luces estaban encendidas desde temprano. Tal vez demasiado temprano.

Mariana ya estaba ahí. Ya no era una sorpresa. Años atrás sí lo habría sido. Con lo flojo que era ese hombre, verlo llegar temprano habría sido motivo para hacer una fiesta.

Tenía las mangas remangadas, el cabello ligeramente desordenado y una taza de café olvidada a medio tomar en alguna superficie que claramente no era para poner café.

Frente a él... estaba la máquina abierta, mucho más que antes.

Y en el centro de todo...el motor en perfecto estado, tal vez demasiado perfecto.

—No me gusta que te veas tan cómodo ahí.—murmuró una voz detrás de él.

Mariana ni volteó. Siguió trabajando como si nada.

—A mí no me gusta que estés chingando la madre tan temprano, pero mira mien acá estas.

Roier soltó una pequeña risa, algo cansada.

—¿Dormiste?.—Preguntó Mariana aun con la mirada en el motor.

—Más o menos.—Respondió Roier con un bostezo exagerado.

Mariana no contestó. Seguía mirando el motor y solo el motor.

—Pensé que.—Murmuró Mariana, bajando la vista.

Roier levantó una ceja.

—Wow, realmente puedes pensar, que miedo.—Dijo Roier con una sonrisa burlesca.

Mariana sonrió apenas.

—Eres un pendejo.

Rieron por un tiempo, como antes lo hacían. Y luego silencio, en ese silencio Roier se acercó.

Sus ojos primero vieron la máquina y luego el motor, en ese instante sintió algo, no era exactamente miedo, era un sentimiento más... ¿incómodo?, puede ser.

—Osvaldo, ¿por qué sigues con esta mamada?.—Roier se acercó más y golpeó la espalda de Mariana. 

—Pues seguiré con esta mamada, aún está mal.—Dijo Mariana con el ceño fruncido.—Aún no tengo pruebas pero dudas tampoco.

Roier cruzó los brazos y suspiró.

—Pero, ayer no encontraste nada.

—Pues ayer no estaba buscando bien, hasta me desperté temprano para que veas mi dedicación.

Eso no era muy buena señal, porque cuando Mariana se tomaba algo en serio se le quitaba hasta lo estúpido y antes de que Roier pudiera responder alguna burla, la puerta se abrió otra vez.


Y ahí en el umbral, con ojeras, como si le hubiera declarado una guerra contra su salud del sueño estaba Luzu, como si trabajar fuera lo último que quería hacer hoy.

—Por favor dime que no lo abriste más, no estoy de humor para aguantar una tontería.—Dijo Luzu, parado en la puerta con los ojos cerrados.

—No seas dramático, solo fue un poquito.—Respondió Mariana, poniendo los ojos en blanco.

—¡Osvaldo!.—Alzó la voz Luzu.

—Relaja la raja.—Dijo Mariana—. No he tocado nada importante...aún.

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⏰ Última actualización: Jul 31 ⏰

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¿Omega?/Guapoduo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora