El papel del extra .

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Eva parecía más afectada que yo por ver mi nombre en la lista de extras del grupo de teatro. Me habían descartado del espectáculo de inicio de curso, así que allí estaba, compartiendo lista con todos los alumnos que ningún profesor había considerado adecuados para representar al colegio. 

En San Telmo, ser extra nunca significaba simplemente no saber actuar. Era el lugar donde terminaban los castigados, los conflictivos, los repetidores y quienes acumulaban suficientes suspensos como para que el internado prefiriera esconderlos antes que enseñárselos a los padres.

—Martina Navarro, 4.º C. Ciudadana número quince —leyó Eva dejando la hoja sobre mi mesa—. Ni nombre te han puesto.

Los internados tienen una extraña capacidad para convertir cualquier actividad en un acontecimiento. Daba igual que fuera una obra de teatro, un torneo de ajedrez o un concurso de poesía; durante unas semanas parecía que el prestigio del colegio dependía de aquello. Ensayábamos hasta tarde, decorábamos los pasillos y hablábamos del estreno como si fueran a venir periodistas de toda España. Luego llegaba el gran día y el público terminaba siendo cuatro padres, antiguos alumnos y profesores obligados a aplaudir.

Eva, sin embargo, tenía preocupaciones mucho más urgentes.: defender mi honor. 

—Chicos, parece ser que, si no cedemos a acostarnos con Macarena, nos agredirá físicamente.

Las risas recorrieron el aula casi de inmediato. No tanto por la frase como porque la había dicho Eva. Siempre encontraba la manera de convertirse en el centro de atención y aquella mañana no iba a ser diferente. Se levantó de golpe y, con una solemnidad casi ridícula, alzó la voz.

—¡No te tenemos miedo, Macarena Álvarez!

David negó con la cabeza mientras sonreía.

—Qué bien se le da montar jaleo.

Tenía razón. Gracias a Eva, en lugar de empezar la clase de geografía mundial terminamos debatiendo sobre rumores, convivencia y el derecho a protestar. 

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Durante la hora de tutoría tuvimos la primera reunión del grupo de teatro. Mis amigos me despidieron como si me marchara del internado para siempre. 

El teatro tenía su propia escala social. A un lado estaban los actores: hablaban de escenas, improvisaban diálogos y se movían por el escenario como si aquello también les perteneciera. Al otro estábamos los extras: los castigados, los repetidores, los conflictivos y los que simplemente sobraban.

Macarena era extra. sin embargo, nadie parecía habérselo dicho, como tampoco le  habrían comunicado el reglamento del internado.   Una chica de primero de Bachillerato le rodeó el cuello con un brazo, le susurró algo al oído y recibió un beso rápido . Antes de marcharse sonriendo., dejó algo en la mano de Macarena.

.En mi grupo había silencio  incluso cierto miedo a  llamar la atención . 

—Cuando nunca tienes grupo para las exposiciones, acabas esperando a que alguien venga a buscarte —comentó uno de los chicos con una sonrisa resignada.

El otro asintió sin decir una palabra.

Mientras los escuchaba pensé que, si hubiera llegado aquel año al internado, probablemente habría terminado sentado exactamente allí. Me negué  a ser parte de ese grupo marginado, a ser como ellos casi pidiendo permiso por   estar ahí.  Me levanté abruptamente ,y demasiado decidida  me acerque a Macarena.

— Sé que estás enfadada  por  lo de esta mañana pero Eva es una persona libre, yo no puedo controlar lo que hace o deja de hacer.  O sea, , no es mi culpa lo que hizo. 

SAN TELMOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora