Todos los seres humanos hemos deseado alguna vez que nuestras vidas fuesen una obra perteneciente al séptimo arte, convencidos de que eso haría las cosas mucho más fáciles; a fin de cuentas no existiría la incertidumbre de no conocer lo que va a suceder, podrías respirar tranquilo ante todas las tragedias que te ocurriesen sabiendo que al final de todas ellas te espera un lacrimógeno pero idílico final, harías las anotaciones que fuesen necesarias en el guión, cambiarías a los actores cada vez que un jefe te tratase mal o un vecino no fuese lo suficientemente amable contigo y... bla, bla, bla. Bienvenidos a otra historia cliché más.
El mundo de la actuación se ha llenado de las mismas basuras insípidas y carentes de emoción alguna que se limitan a cumplir la función de vender, todas tediosamente semejantes entre ellas: ha sido creado un público de zombies que se tragan cualquier porquería con tal de ver sus satisfacciones cumplidas en la pantalla por un día. Premio para todos aquellos valientes que aún os atrevéis a buscar aquellas que hacen la diferencia, los que queréis disfrutar vuestra vida a través de la improvisación y lo inusual.
Existe la suerte de que este tipo de obras se olvidan enseguida, al igual que todos los actores que no sienten pasión por su trabajo. Aquellos que se llevan los galardones son los que llegan a transmitir tantas emociones que no puedes ser capaz de creer que no lleven al personaje debajo de su piel, los que con una mirada llena de locura teatral te atraen y te saben llevar a un alocado mundo de fantasía: su alocado mundo. También son las historias únicas las que se llevan todo el cariño del público y de la crítica, las que te tienen al borde del ataque con cada suceso que acontecen y te obligan a reflexionar como nunca antes lo habías hecho, influyendo en ti de una forma totalmente trascendental... por su parte, Christine Johnson habría firmado por una comedia romántica con final feliz estilo Jennifer Aniston sin pensárselo dos veces.
La joven se encontraba parada enfrente del edificio menos hogareño de toda la ciudad de Nueva York, sintiéndose totalmente desamparada. Ella siempre había sido una persona previsora, calculadora, de esas que planean hasta el último segundo de su tiempo, y el hecho de que todo su mundo se hubiese desmoronado tan repentinamente aún la tenía desconcertada. Su sueño de ser una reconocida y exitosa periodista se había ido viendo cada vez más y más borroso, llegando a un punto en el que ya era imposible separar aquellas aspiraciones de la confusa mancha en la que se había convertido su vida.
Alzó una mano para tocar la puerta, temerosa de lo que se pudiese encontrar. Sólo fue silencio por el momento. No se oía a nada ni a nadie detrás de la madera, no había timbre para llamar y los nervios se apoderaban cada vez más y más de su cuerpo; no quería hacer el ridículo en medio de la calle poniéndose a gritar como una paranoica para que le abriesen. Sólo podía esperar, esperar como lo llevaba haciendo toda su vida.
Dejó escapar un profundo suspiro al apoyarse contra el tabique, como si con él pudiese lograr que se disipase aquella sensación de malestar. Estaba en medio de una de las calles más transitadas del mundo con la solitaria compañía de sus maletas, enormes, y ningún transeúnte le había dirigido aún ni una mirada, aunque fuese de desprecio; ni siquiera le habían confundido con una turista perdida que necesita ayuda para encontrarse. ¿Qué pasaría si entrase en trance? Nada, simplemente la tomarían por una auténtica loca, y nadie saldría de su rutina para tratar de calmar a una loca; en aquel momento encontró al ser humano como una especie ciertamente frívola y despreciable, igual de frívola y despreciable como lo había sido ella hasta ahora.
Se giró para ver su propia imagen en una de las destartaladas ventanas de aquel emplazamiento. "¿Qué he hecho mal?", se preguntaba a sí misma. Era consciente de que ella era la única culpable de su situación, y por eso quería encontrar aquella respuesta dentro de su propio ser, pero tampoco era capaz de resolver la duda.
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SEVENTH.
RandomChristine, una joven periodista recientemente despedida, se ve obligada a aceptar un peculiar empleo que se escapa de sus competencias con tal de no renunciar a sus sueños: escribir una obra sobre los pecados capitales para un teatro que está a punt...