Cuarenta y uno

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Además nos lo presentante. Al chico en cuestión.

Se llamaba Andrew. Atractivo, buenas notas, simpático. Demasiado perfecto.

¿No podías haber buscado a alguien a quien me resultara más fácil odiar?

Rosas sin pétalosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora