Capítulo XXXV

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Poco a poco sus ojos se cerraron nuevamente, y cayó dormida.
Eran las seis de la mañana cuando despertó, y a la media hora llegó él doctor. Pidió a Hans que saliera un momento, y comenzó a examinarla.

-¿Te duele algo?

-La cabeza, un poco la muñeca, algunas partes del cuerpo y... la herida del abdomen.

-Lo siento mucho-dijo el doctor muy apenado- es mejor que no hagas mucha fuerza, de lo contrario, sentirás un dolor fuerte y la herida podría abrirse-explicó- el cuerpo te duele por la caída y los golpes. Te recomiendo que por lo que has pasado y como has reaccionado, vayas a alguien que te ayude. El alta se te dará en dos horas más, quiero estar seguro.

-Está bien, muchas gracias doctor.

-Por nada, adiós.

-Adiós-se retiró y entró Hans-

-¿Todo bien?

-Sí, en dos horas me dan de alta.

-Es una noticia muy buena-Hans se sentó a su lado, ella tomó su mano y ambos las entrelazaron- vino tú padre.

-¿Si?-preguntó asombrada-

-Sí.

-¿Cuándo?

-Luego de que te, ya sabes-continuó-

-¿Le contaste todo?

-Solo lo que pasó últimamente, él no hizo pregunta alguna-su mirada se entristeció y se clavó en su abdomen, lo acarició con ambas manos y le sonrió amargamente. Él colocó sus manos sobre las de ella...

Patrick fue a verla, Hans aprovechó para ir a su casa. Se duchó, vistió tomó algunas cosas para ella y volvió, olvidando un pequeño detalle; el cuarto de Edward. Ya estaba lista, solo firmaron algunos papeles y salieron de aquel lugar, al que no querían volver en lo absoluto- vamos.

-Al fin-dijo en un suspiro. Llegaron a casa luego de un viaje algo corto, al llegar ella entró y Hans guardó el auto para luego bajar sus cosas. Por así decirlo, la perdió-

-Amor-la llamó, pero ella no contestaba. Fue al patio, a la cocina, la sala de estar, el comedor, el baño y la habitaciones de arriba, pero no estaba, ¿o se había olvidado de "ese" cuarto? Caminó hacia allí, y ahí se encontraba ella...-

Un Destino InesperadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora