La sangre de mi sien salía a borbotones. Sin embargo, la malla metálica oxidada permanecía inmóvil y fría, como siempre.
Recibí otro golpe.
—¿Qúe pasa? ¿El muy nerd ya no aguanta más caricias? No que te gustaba la matemática? Entonces, ¿por qué lloras, si te golpeo con tu libro favorito? ¡Bien merecido lo tienes! No vuelvas a delatarnos con el profesor, ¿entendido?
Me quedé callado, sin saber qué hacer, además de secarme las lágrimas que caían con un rosáceo tono.
Un golpe más cayó sobre mí.
—¡Te pregunté si habías entendido!
—Sí —respondí con la mayor fluidez que se le puede dar a una palabra cuando lloras.
—Muy bien —dijo Joseph, un altísimo tipo. Al menos 1.90, y tan solo con quince años. Antes de irse, me volvió a golpear, para luego burlarse junto con sus amigos de casi la misma estatura.
La malla metálica estaba ahora con algo de orgánica pintura rojiza.
De pronto, mi reloj sonó con el timbre de alarma que me despierta todas las mañanas. Pero eran las once.
Sabía perfectamente lo que eso significaba. Me limpié la sangre con la antes blanca manga de mi camisa, me levanté del suelo, y comencé a correr hacia la puerta del colegio, evitando miradas con mi mochila tapándome la cara. Era normal en mí, así que nadie le tomó importancia.
Me acerqué al portero, un delgado hombre de mediana estatura, y de rostro bronceado.
—Código Alfa —le susurré al oído.
Sus ojos casi saltaron de sus cuencas. Disimuladamente y lo más rápidamente que pudo, abrió la puerta de madera. Mi único obstáculo para salir había sido derrotado. Bien —me dije—. Gracias, August.
Corrí hasta la esquina de la cuadra. Un auto pasaba desapercibido entre los otros. Mark me hizo una señal. Subí velozmente al asiento de copiloto del compacto carro, y arrancamos a toda velocidad, mientras Mark me explicaba lo sucedido.
—Hiker. Nuevamente él.
—¿Qué pasó?
—Escapó y luego... ¿pero a tí que te pasó? ¿Otra vez ese tipo?
—Sí; eso no es lo importante ahora. ¿Qué hay de Hiker?
—¡Pero tu herida, es grave!, déjame llevarte primero a...
—Basta con ello, Mark. Ya sanará.
—E... está bien. Hiker escapó de la prisión de alta seguridad para superhumanos.
Se me trabó la lengua. No pensé que luego de tantos años al fin lograría escapar. Había sido detenido antes incluso de yo haber nacido. Al menos unos veinte años; ¡y ahora había escapado!
Uno de los mayores enemigos del Omega Corporation, empresa donde, a mi corta edad, trabajo. Pertenezco al Sector Alfa, el sector de menor rango, pero a la vez el sector con más miembros. Tal vez por eso nos han llamado —pensé.
—No sé cómo, —continuó Mark, amigo mío desde que ingresé a Omega Corporation, hace dos años—, pero escapó. Todos los Sector Alfa están a punto de llegar a Omega para la reunión improvisada. Estará a cargo Horn, lo que me sorprende.
Y a mí también me sorprendió. ¿Horn? El era el de mayor rango en el Sector Beta, en circunstancias normales sería innecesario e ilógico que él dirigiera la reunión.
Llegamos, al fin sabría lo que en verdad estaba sucediendo. Bajé del carro. Tuve que volver pues la puerta no cerraba: había olvidado de colocar correctamente el cinturón de seguridad, y éste estaba bloqueando a la puerta. Lo golpeé fuertemente, y luego cerré la puerta.
Mark, con su formal terno y zapatos negros tan brillantes como su auto, me había sacado algunos metros de distancia. Volteó para mirarme.
—¡Apúrate, escucho la voz de Horn al micrófono! —me indicó.
—Ya voy —le respondí, y corrí tan rápido como mi pesada mochila y mi herida en la cabeza me lo permitió.
Entramos al salón de reuniones. Di un respingo. ¡Pude ver a un miembro del Sector Omega! Estaba ahí, con una ropa completamente blanca, un logotipo de una "Omega" en el pecho; y guardaba silencio. Su rostro me inspiró respeto. Me senté lo más lejos que pude de él, y escuché lo que Horn tenía que decir.
—¿Qué dirá? Espero que dé más detalles —me dijo Mark, que a sus veinte años parecía un adulto de al menos treinta. Había ascendido al Sector Beta el año anterior.
—Sí —respondí casi sin prestarme atención.
Señores —inició Horn, callando a todos los que murmuraban, inventando cosas sin un mínimo de lógica—. Señores de Omega Corporation, los he reunido el día de hoy, porque el enemigo número trece, Hiker, ha escapado de prisión, poniendo en peligro a toda nuestra corporación.
Un bullicio ensordecedor llenó la sala.
—¡SILENCIO! —Vociferó el anciano del Sector Omega.
La sala enmudeció, tan rápido como cuando mi profesora entraba al salón.
—Continúe, señor Horn.
—G-Gracias, señor Blake —dijo Horn, impresionado por la reacción de su superior—. C-Como les decía, el enemigo número trece, Blane Hiker, escapó de la prisión. Esto es algo relevante para todos nosotros, ya que en cualquier momento podría aparecer. Incluso ahora, en esta sala de reunión.
—Maldita sea —murmuró para sí mismo Mark.
Sí, madita sea, pensé.
Los susurros iniciaron nuevamente, pero algunos precavidos callaron ante la mirada iracunda del señor Blake.
—Así que, en vista de ello, los enviaremos a todos ustedes, los ciento cuarenta y dos, a donde creemos que se encuentra en este momento. Recuerden siempre: él puede atarcarlos de cerca. Si llega cerca a ustedes, están muertos. Pero para algo tienen sus armas de largo alcance. Si lo ven, intenten dispararle a toda velocidad. No lo matarán, pero alertarán a los de mayor rango para que podamos ayudarlos, y atraparlo nuevamente.
—Bravo, bravo, joven Horn. Excelente plan —dijo una voz que se escuchó desde la entrada de la sala de reunión—. Muy bueno en verdad —aplaudió—. Espero que les sirva de algo.
Todos los presentes volteamos bruscamente hacia la puerta.
El escenario era atroz. Los cinco guardias que estaban en la puerta estaban muertos, yaciendo en el piso. Solo había una persona en pie.
Era Blane Hiker.

ESTÁS LEYENDO
Código Alfa
Short StoryUn chico es agredido continuamente en su escuela. Pero en realidad no es lo que sus compañeros creen. Pertenece a una importante corporación que pelea contra humanos superdesarrollados.