Caminaba amargamente,
de reojo lo miré...
Sin importancia le dejé pasar,
pero en un momento más
nos volvimos a encontrar.
Cuál si fuera un torbellino
arrasó con mi pensar,
en un sentimiento profundo
me puso a navegar.
La melodía de su voz
y la voz de sus melodías
le dieron sentido
a algunos de mis días.
Escribo esto para alguien fugaz,
fugazmente apareció
y fugazmente se irá.
Tan efímera la noche de su aparición y tan eterna será la de su partida.
El temor no me deja pensar
en que no le debo amar.
Desafié a mi cohibido miedo
me atreví a dar un paso, también un trote y también un salto.
Me acerqué lo suficiente,
ahora me alejo lo necesario.
No sé acerca de su pensar,
y él nunca me conocerá
pues estamos condenados
en la misma libertad.
