Así de mucho...

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Wonwoo había sido amigo de Mingyu desde el día en que lo conoció en la primaria.

Tenían diez años cada uno, y —aunque suene difícil de creer— en aquel entonces, el azabache cuidaba de un niño castaño, de piel trigueña y más bajito que él llamado Kim Mingyu, quien era molestado en el salón por ser el niño nuevo.

Eres el mejor, hyung.

Cuando tenían doce años, Gato y Perro habían llegado a sus vidas; aquella tarde tuvieron, además, su primer pelea —sobre algo tan absurdo como lo era el "los perros son mejores que los gatos"—, pero, al final, aquella situación había sellado sus etiquetas como "mejores amigos".

No importa qué, no nos separaremos.

A los quince años, cuando Mingyu pareció haber sido atacado con un rayo de engigantecimiento y medir casi 1.77 metros, Wonwoo le confesó a su madre y a su mejor amigo que le gustaban los chicos; ese mismo año, Mingyu lo defendió de los múltiples ataques que recibía por parte de sus compañeros homofóbicos, sin importarle que las burlas y mensajes de mal gusto se volcaran también en él.

Son sólo idiotas, hyung, que digan lo que se les de la gana.

A los dieciséis años, le rompieron por primera vez el corazón a Mingyu. Hizo todo un berrinche cuando Hani lo rechazó en la clase de historia; se la pasó de mal humor y farfullando groserías que Wonwoo jamás había escuchado antes. Obligó al mayor a pasar la tarde y noche con él mientras comían helado y el alto contaba las razones de por qué era buena idea no salir con Oh Hani.

Quédate conmigo, por favor.

A los diecinueve años, Jeon Wonwoo se dio cuenta de la eminente verdad; le gustaba..., no, le encantaba..., no, no, le fascinaba todo de Kim Mingyu. Desde su sonrisa hasta su ceño fruncido; desde su altura hasta sus frías manos; desde su alegría hasta su tristeza...

¿Triste?

Había conocido a Kim Mingyu durante nueve años, poco más de la mitad de su vida, y nunca, nunca, le vio llorar. Ni cuando lo molestaban, ni cuando pelearon, tampoco cuando le rompieron el corazón. ¿Mingyu no llora? Llegó a pensar.

Estaba tan equivocado.

Es por eso que aquel día en la mañana, cuando el joven de cabellos azules lo llamó, no supo qué hacer; se sentía impotente al escuchar el llanto del menor, sentía que le faltaba el aire y que el pecho le dolía por el sufrimiento ajeno.

Corrió hasta donde Mingyu, corrió tan rápido que incluso sintió que los pulmones le ardían. La casa de Gyu jamás se había visto tan ensombrecida. A penas entró, sólo escuchaba llantos que provenían de todos lados; llantos de mujeres y de algunos hombres... ¿Por qué habían tantas personas en la casa?

Encontró al menor sentado en el sofá, con la cabeza agachada y una gota de sus lágrimas resbalando por el filo de su nariz. Tocó uno de sus hombros y se desarmó al ver la expresión triste y desolada de Mingyu; las lágrimas volvieron al más alto, quien abrazó con fuerza el delgado cuerpo de Wonwoo mientras gemía de dolor y lloraba herido.

Papá murió.

Me gustas. [Meanie]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora