Capítulo 38: Véngate de los traidores.

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- ¿Podrás perdonarme por lo de mis padres? -pidió la pelirroja en un susurro mientras sus manos jugaban inquietas sobre su regazo. Los ovarios le seguían doliendo, pero para ella era más importante pedirle disculpas al vampiro.

Ethan la observó fugazmente y soltó una mano del volante para posarla sobre las de Ciara. La muchacha levantó la mirada y permitió que una pequeña y sincera sonrisa se asomase en sus labios.

- ¿Quieres saber a dónde vamos? -le preguntó el vampiro para distraerla, y ella asintió animada- a partir de esta noche ya no volveremos a dormir en el edificio común -el rubio le miró para ver cual era su reacción, y ella frunció el ceño de manera pensativa.

Abrió los ojos por la sorpresa y la sonrisa se le hizo más grande.

- ¿En serio?

Ethan asintió sin apartar los ojos de la carretera.

- ¡Gracias! -Ciara se incorporó para abrazarle.

- No hagas eso -le advirtió el vampiro con la mandíbula apretada, alejando a la muchacha contra su voluntad. Se moría de ganas por perforarle su blanca piel en ese mismo momento, pero sabía que no debía hacerlo.

- Lo siento -se contuvo ella y volvió a sentarse en el sitio del copiloto.

***

- Hemos llegado -avisó el vampiro aparcando el coche delante de una enorme casa de dos plantas.

Ciara la observó con detenimiento sin creerse que ese fuese a ser su nuevo hogar, una bonita mini-mansión de dos plantas con un espacioso jardín delantero, decorado por varias palmeras y numerosos arbustos floreados.

Era de noche, por lo que la alumbraban varias luces de jardín que había en el exterior, lo que la hacía ver aún más bonita.

Cuando se quiso dar cuenta, el vampiro ya estaba fuera del coche, abriendo su puerta de manera caballerosa.

- Vamos -le animó ofreciéndole su mano para salir del auto.

Ella la aceptó con mucho gusto y después de cerrar con el mando automático, caminaron hasta el interior de la mini-mansión, y se quedaron en el hall observando todo con detenimiento.

- Es... preciosa, Ethan -opinó Ciara- pero no podemos mantenerla, debe de costar millones, y ¿Cómo vamos a limpiar semejante casa? ¿No pretenderás tenerme de chacha, no? ¿Y has pensado en lo sola que me voy a sentir cuando no estés? Porque no querrás tener a mis padres por aquí dando vueltas ¿O sí?...

El poder de persuasión del rubio hizo que la pelirroja se relajase, ya que había entrado en uno de sus típicos bucles de estrés, y sino la paraba, iba a acabar más angustiada aún. La sujetó por los hombros y la miró transmitiéndole tranquilidad.

- ¿Qué tal si vas a la cocina y comes algo? Después te responderé a todos esos inconvenientes -le ofreció- la nevera y los armarios estás llenos, yo voy a resolver una cosa y ahora mismo vuelvo.

Ciara asintió despacio sin apartar la vista de sus claros ojos.

- Ethan -le llamó cuando este se dio la vuelta.

- ¿Hm? -el vampiro le prestó atención.

- ¿Puedes conseguirme algún medicamento para el dolor? Ya sabes...

- Aquí no existen los medicamentos a no ser que sean totalmente necesario -aclaró, haciéndole recordar lo que dijo Bénjamin uno de los primeros días allí dentro.

- Pero no se si voy a poder aguantarlo -se quejó. Le parecía injusto tener que soportar el dolor innecesariamente, existiendo tantas maneras de hacer que desapareciese.

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