Con sus alas rotas... mordisqueadas y desplumadas, al borde del abismo se encontraba.
Rendido, observó a su costado el acecho del león.
–¡Hazlo! –le dijo con su ronca voz.
Al abismo el ángel se lanzó, pero sus alas nunca abrió.
La bestia, con su mirada todo lo siguió... y con su fuerte alarido, todo otra vez dominó.
(En la Divina Tierra, se desconoce el paradero de esta poesía. No se sabe quién, ni para quién fue escrita.)
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Enmiendas de un Vendaval.
Short StoryComo un rostro enfurecido, envuelto entre las nubes, el viento se desprendió del cielo azotando a la fría ciudad de Nerbal... Vendaval maldito que alcanzó al exhausto mensajero, impidiéndole así la urgente entrega de toda su correspondencia. Morral...