02-07 -➽[TWO]

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Aquella mañana del 9 de diciembre de 1975, Kang Tae-hyun y muchos cientos de adolescentes y adultos, participaron de un encuentro ocasional, organizado por el hijo del mandatario Coreano, en la ciudad de Pionyang, localizada en el suroeste del país, cerca del río Taedong.

Todas las lenguas y las formas de escritura estaban representadas allí. Atisbó caracteres árabes, cirílicos, griegos, latinos y muchos otros.

Las dimensiones del lugar, sus vehículos y la fortuna que el magnate debía de haberse gastado, despertaba curiosidad.

Cualquier persona activa en el ambiente, conocería a Jung Beom-gyu. Un joven bien portado, elegante y ambicioso. Envidiado por muchos, debido a su descomunal fortuna, por ser el hijo del mandatario Coreano y por su belleza inigualable.

Todos los periodistas que lo han descrito coinciden en algo; en su fuerte carácter hostil, y por supuesto, en su talento tan voraz y único.

Era indiscutiblemente aristocrático.

Su tan sola presencia, le provocaba estragos a quien lo mirase. Con su fina elegancia y su delicado andar, resultaba prácticamente imposible que pasase desapercibido. Su oscuro cabello ligeramente revuelto, sus pequeños y apreciables labios rosados, su pálida piel, sus suaves curvas y su mirada cuestionablemente cándida embelesaban en abundancia a Taehyun.

Era completamente indiscutible que para cualquiera, ser su acompañante sería un honor, y era por ello que las propuestas eran abundantes para Beom-gyu.

Sin embargo, sus sentimientos ya estaban comprometidos. Y no solo sus sentimientos, sino que él completo, se había entregado a un joven con la mirada mas sombría que hubieran conocido jamás.

La mirada del pelinegro, no eran lo único que advertiría a cualquier persona que lo topase de lo peligroso y posesivo que podría llegar a ser. Aquellos ojos rasgados, oscuros y tan vacíos, no le dejaba absolutamente a nadie una buena sensación en el cuerpo... a excepción de Beom.

Quizás Beom siempre sería la excepción cuando del escritor se tratase.

El joven artista había calado profundo en el frío corazón de Taehyun, convirtiéndose entonces, en el protagonista de muchas de sus famosas y muy reclamadas obras de la época; en su activa fuente de inspiración.

Era fascinante ver como su inexpresiva mirada, cambiaba cada vez que tenían la oportunidad de apreciar la belleza de Beom. Se llenaba de orgullo, de un absoluto cariño y aprecio; brillaban como nunca antes.

Quien pensaría que todo ello sucedió mientras respiraban el aire primaveral cargado de partículas radiactivas, entretenidos por las obras de arte siniestras, oscuras e infernales del joven Beom-gyu.

Taehyun constató, a lo lejos, que aquella reunión colosal convergía hasta un solo punto; la muerte.





— Choi, no comprendo... — insistió Kim Tae-hyung, el psiquiatra del establecimiento Pionyang —. ¿Cómo ha conseguido soportarlo tanto tiempo?

—Me lo he tomado con calma — suspiró el prisionero—. Cuando uno se encuentra en el fondo del agujero, no hay que darle más vueltas y tomárselo con resignación. La prueba es lo que me pasó cuando quise dármelas de listo: ¡diez años de propina!

El psiquiatra se pasó la mano por el rostro. En realidad, Choi no era ni mucho menos un caso de adaptación a la vida carcelaria, como habían señalado los colegas que habían examinado su expediente con anterioridad. Sencillamente, la reclusión le había hecho perder los puntos de referencia esenciales. Había acabado aceptando todo eso como una fatalidad, como una norma a la que se había adaptado, sin encontrar ya otra salida a la existencia.

La conducta ejemplar de Choi en prisión no había sido más que una forma de negación de la realidad, un remiendo imaginario que le había permitido no sucumbir a la locura.

—Choi, en fin, no sé muy bien como llamarle ni dirigirme a usted — suspiró el psiquiatra.

—Soy el Número 2047 B. He purgado mi pena y dentro de unas pocas horas me las piro, ¿queda claro?— murmuró finalmente.

—¿Ha olvidado el resto? ¿Lo que era, y quién era? ¿De verdad?

— Soy el Número 2047 B y salgo dentro de unas horas — repitió con molestia —. ¿Está sordo o qué? Ahora, señor, si me lo permite, me gustaría regresar a la celda para echar la siesta.

범죄 slaughter -➽[TG&YB&YK]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora