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10/20. No juegues con Espiritus ☆

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Cap 10

Ahora

Llegamos a la casa del lago a las primeras horas de la mañana de día viernes 24 de marzo.

Evan y Margaret habían estado reticentes al comienzo por no querer dejar sola a su madre, pero fue Loria, quién  convenció a los chicos de que ella estaría bien y que pasaría el feriado junto a la familia de su hermano el mecánico.

La casa del lago era una cabaña de amplias dimensiones distribuidas en cinco habitaciones - todas ellas con baño propio, cocina comedor, sala de estar, biblioteca y un despacho. De amplios ventanales, que permitían una iluminación natural, y con una bella vista del lago, como a el bosque de coníferas aledaño.

El interior, al igual que el exterior, era de madera. Los muebles eran de metal y cuero blanco, mientras que los cuadros, jarrones y alfombras poseían motivos rupestres.

Pasamos la mayor parte del día tendidos bajo el sol y en menor medida- y casi a la fuerza - en el agua. Chapoteamos, reímos y bromeamos, e incluso, Evan tuvo la osadía de alzarme entre sus brazos para lanzarme de lleno al agua.

Aquella sonrisa no se podía comparar con nada. No soy la clase de persona que anda con mariposas danzando sobre su cabeza y pensando que cuando haces algo bueno y desinteresado por alguien,m el mundo es un lugar mejor; no soy así, pero hoy, al ver esa felicidad en los ojos de Evan después de todo lo que ha pasado con la enfermedad de su madre y el tener que llevar sobre sus hombros las riendas de su hogar, puedo decir que cuando él  me mira, sigo sin ser mejor, y sin embargo, algo en él me provoca hacerme  sentir  un poco mejor de lo que en realidad soy.

...

Los paquetes de frituras y latas de Coca-Cola llenaban como hojas en otoño, cada centímetro cuadrado de el piso de madera en el que nos encontrábamos jugando en círculosa Verdad o Desafío.

- ¿Desafío o verdad? -preguntó Kate con la mirada brillante a causa de las llamas de la chimenea.

- Verdad - desafíe.

- ¿Es verdad que lo de tu hermana no fue un accidente? - inquirió Kate maliciosamente.

Para nadie era un misterio, que allí mismo, en aquel lago, se había ahogado mi hermana gemela a la edad de ocho años.

Desde aquél entonces, había pasado de tener una hermana a ser hija única. Cuando un hijo pierde a sus padres, se lo rotula de huérfano. Cuando un hombre pierde a su esposa, se lo carátula de viudo. ¿Pero cuando pierdes a una hermana? Para ello, no hay una etiqueta. Al fin y al cabo, una perdida, siempre será una perdida sin importar de quién  se trate. Medir el dolor por el sexo y edad de quien muere, me parece una estupidez. Duele mucho y punto.

Sasha era la hija prodiga, la favorita de papá, o como solía decir mamá, su taloncito de Aquiles. Aquello no me parecía justo. Pero supongo que Sasha tenía méritos de sobra para ser especial, mientras que yo, no era más que la pálida y silenciosa sombra, que se deslucía bajo sus pequeños pies.

Ella era lista y rebelde. Talentosa y empática. Mucho mejor de lo que yo podría llegar a ser algún día. Torné mí mirada hacia el blanco piano que descansaba silencioso desde que Sasha falleció. La música era uno de sus tantos talentos.

- ¡Eso no es gracioso! - exclamó Margaret con el rostro teñido de indignación. Ella sabía mejor que nadie lo que las pérdidas significaban. - ¡Dios Kate!, ¡que insensible eres!.

Hacia mucho tiempo que nadie mencionaba a Sasha, supongo que era mejor así. Lo que no se rememora, tarde o temprano se entierra en el limbo del olvido, para que deje de doler.

TRAUMADA  [ Finalizada ] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora