Los ojos le pesaban, el cuerpo le dolía y se sentía realmente cansada, pero allí estaba bajando dos pisos por esas oscuras escaleras, escoltada por los dos guardias que cuidan la puerta de su celda. Cuando llegaron al final de la escalera continuaron por un pasillo apenes iluminado por velas que se encontraban a unos diez pasos unas de otras. Por lo largo de aquel pasillo Luna pudo ver tres puertas, bastante distanciadas una de otra, y al final del pasillo se detuvieron frente a una enorme puerta de dos hojas.
Uno de los guardias golpeó la puerta y esperaron. Unos segundos después la puerta se abrió y ante ellos vieron a una joven de piel tersa y blanca, cabello negro que caía como una cascada por su espalda y ojos negros que les lanzaron una mirada que a cualquiera le helaría la sangre.
—¿Por qué tardaron tanto? —murmuró la mujer en un tono igual de frio que su mirada.
—Lo sentimos señora, pero la muchacha está muy débil —contestó uno de los guardias mientras la mujer se alejaba de la puerta para permitirles el paso.
Los guardias entraron a la habitación sin soltar los brazos de la rubia. Aquel lugar era igual de lúgubre que todo lo que Luna había visto hasta el momento en aquella casa. Las ventanas estaban todas cubiertas con pesadas cortinas, la chimenea y unas cuantas lámparas, dispersas por la habitación, eran todo lo que iluminaba el lugar. Una de las paredes estaba repleta de libros y en las otras se podían ver algunos cuadros con escenas oscuras y sangrientas y también podían verse las cabezas disecadas de algunos animales decorando el lugar. El mobiliario consistía en un enorme escritorio, algunas sillas muy elaboradas, un juego de sillones, una mesita ratona y algunos otros objetos de decoración como un globo terráqueo y algunas mesitas.
Sentado detrás del escritorio estaba Arthur De Quincy, de cabello negro bien peinado hacia atrás, mirada seria y una expresión que revelaba lo molesto que estaba y de pie a su lado estaba Roknah, un brujo, el mismo que Luna había visto la noche que llego a aquel lugar, el de manos como garras.
—¡¿Qué te hace pensar que me importa?! —acotó la mujer acercándose a la silla que estaba frente al escritorio—... atenla aquí —concluyó señalando la silla y luego se sentó sobre el escritorio a un lado de De Quincy.
Los guardias sentaron a la rubia en aquella silla y se dispusieron a atarla.
—¿En verdad creen que es necesario? A penas pude bajar las escaleras ¿creen que podría escapar? —dijo Luna con muy pocas ganas centrando sus grises y ojerosos ojos en los dos hombres que la miraban del otro lado les escritorio.
—Claro que sí, jamás hay que confiar en los humanos —susurró De Quincy—... apresúrense y traigan las jaulas y cajas que hay en la otra habitación.
Los guardias ataron la cintura de Luna al respaldo y las piernas a las patas de la silla y sin decir nada ambos hombres salieron de la habitación.
—Así que esta es la poseedora de esa deliciosa sangre mágica, en verdad no parece muy especial —susurró la muchacha de cabello negro mientras se relamía los labios.
—Si Rosalin ella es la poseedora de esa deliciosa y adictiva sangre —respondió en un tono bastante molesto el brujo antes de centrar sus ojos en De Quincy—... la cual, vuelvo a recomendar, nadie más debe probar.
—Tú no le dirás al amo Arthur que hacer —soltó la muchacha mostrando sus afilados colmillos—, el amo puede tener los subyugados que desee.
—Eres una estúpida todavía no comprendes que la necesitamos, tú eres la que ha hecho que le saquen demasiada sangre y este así —retrucó Roknah con una mirada furiosa mientras en sus garras comenzaba a aparecer una bruma verde, que a Luna se le hizo muy amenazante.
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Blood Magic
FanfictionUn demonio intenta llevarse a Luna pero como Theo interfiere la criatura termina llevándoselos a ambos. El pelinegro despierta solo en un tiempo que no es el suyo. Ahora tendrá que buscar ayuda para encontrar a Luna y volver a su tiempo... pero al...
