Los días pasaban y pasaban y tu desesperación por aprender a tocar algún instrumento era tanta, que incluso aceptaste la absurda petición de alguien como él.
Estabas aburrida.
Habías decidido saltarse la clase de música, no era difícil adivinar el por qué.
Te sentías estúpida al no saber nada de música, ni siquiera cantar... ¿Tan mala eras?
Caminabas por el largo pasillo del segundo piso del edificio de tercer año sin rumbo alguno, y no, no eras estudiante de tercer año, pero daba igual a estas alturas. Entonces divisaste a la distancia, una puerta que no habías visto antes, se encontraba al final del pasillo, era color marrón oscuro, la manija dorada, reluciente con lo que lucía como una joya carmesí reluciente. Te obligaba a entrar y satisfacer tu curiosidad.
Cuando estuviste frente a ella tomaste la manija y la abriste sin pensarlo dos veces.
La luz azul de la luna alumbraba tenuemente el interior dándole tonos azules al piso y paredes gracias a una enorme ventana que se veía nada más entrar, habían telarañas en el techo y polvo sobre los viejos muebles.
Otras cosas estaban cubiertas con sabanas blancas y la madera crujía bajo sus pies, para tu sorpresa, esta estaba encerada y brillante.
Como se esperaba de ti y de tu amor por lo gótico y antiguo, te encontraste fascinada con el lugar, te sentiste hechizada estando ahí y pensaste si habías visto demasiadas películas.
Sin embargo, nada te robó tanto la atención como el hermoso piano al fondo de la habitación, iluminado por otra ventana, como si fuese una especie de revelación, color negro, brillante, acompañado del magnético sonido de notas musicales.
Pero a su lado, un chico de cabello rojizo, tu corazón se estrujó y se te cortó la respiración.
Las notas musicales eran preciosas, el chico mantenía sus ojos cerrados, sus dedos se deslizaban con rapidez sobre las teclas causando sonidos indiscutiblemente apasionados y al mismo tiempo, hipnóticos.
Podían transportarte al cielo, y descenderte de nuevo a la tierra de solo escucharlos.
Mantenía una leve sonrisa, se veía radiante.
¿Quién es ese chico? Te preguntaba encantada.
ー¿Quien anda ahí? ーel chico habló furioso deteniendo su pequeño concierto, al momento en que el silencio se adueñó del lugar sentiste tu piel erizarse y el corazón latiendo con violencia, sobresaltada te escondiste tras un muro, algo te hizo sentir que debías hacerlo. Pero ahora te sentías estúpida.
Una tétrica y seductora risa se deslizó por tus oídos, un escalofrío recorrió tu cuerpo.
Tus sentidos se alertaron cuando oyó unos sutiles pasos acercarse a su escondite.
Debía salir por si misma, antes de quedar como una tonta a los ojos del misterioso extraño.
ーPor tu aroma debes ser una chica ー los pasos se acercaban más y más y no hallabas la oportunidad de salir. ーSal, sal corderito... ーdecía con una melodía que te ponía bastante ansiosa. ーMe encanta cazar pequeños corderitos... ーdijo esta vez de forma seria.
Raito Sakamaki
Lo reconociste por fin, ¿Por qué no llevaba su sombrero?
Habías escuchado mil rumores de él, era el drama de la escuela, nunca te importó mucho e realidad, aunque nunca se imaginó que tocara el piano de manera tan sorprendente.
ーRaito Sakamaki?ーhabló, no pudiste ocultar tu sorpresa, pero no pudiste reaccionar porque ya te había encontrado y estaba muy cerca tuyo.
ーVaya, me reconoces... ーuna sonrisa ladina se pintó en su rostro ーPero lamentablemente yo a ti no...
Raito te acorraló, y te tomó de las muñecas con fuerza atrayéndote a su cuerpo, no pudiste resistirte a su fuerza y te sonrojaste por el súbito contacto.
ーEsa es una buena cara ーdijo al ver tu expresión, se acercó a tu oído mientras pronunciaba esas palabras, te molestó su influencia en ti, debías pensar en algo, algo para distraerlo.
ーEnséñame ーno terminaste tu frase porque viste el destello de deseo que se fijó en los orbes verdes y profundos de Raito seguido de un sonrojo.
ーNo pensé que fueras tan directa... ーsonrío sin soltar tu muñeca derecha, el toque de sus dedos sobre tu piel quemaba.
ーA tocar el piano ーdijiste apresurada.
El chico lanzó una risita al aire. ーAh qué decepción, pero... De acuerdo... ーte miró, sus ojos color esmeralda te examinaron sin discreción y te sentiste ansiosa, como una presa.
ーPero debes hacerme un favor
ー¿Qué... clase de favor? ーpronunciaste dudosa distraída por esos ojos profundos.
ーAlgo muy sencillo, para alguien tan desesperada.
"¿Desesperada? Trataba de escapar", pensabas, nunca imaginaste que aceptaría, ahora parecía que hacías un pacto con el diablo. Comenzabas a preguntarte si solo aprender a tocar sería suficiente, por lo menos el diablo te daría fama o dinero, pero antes de que continuaras divagando en tu mente, él habló de nuevo. Su voz te extasiaba y te hacía temblar de nervios, esperabas no fuera tan obvio.
ーDebes estarlo, si se lo pediste al primer tipo que encontraste tocando un piano en el sótano de la escuela ーse acercó más a ti ーSe nota que no tienes instinto... ¿Qué clase de corderito entra a la guarida del lobo y cree que puede hacer un trato con él?
Lo miraste confundida aunque tu interior ardía con emoción.
Raito estampó su mano izquierda contra el muro tras de ti y tu para sorpresa tuya y de él, no te sobresaltaste, solo lo miraste con fascinación.
ー¿Me darás lo que quiero? ーpreguntó.
ーQuién sabe... ーdijiste mientras suspirabas con indiferencia y cruzabas los brazos con una media sonrisa.
"Si" "Si" "Si"
Esa palabra resonaba en tu cabeza, pero no ibas a ponérselo fácil ¿Cierto?
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Teach Me + raito
FanfictionONE SHOTS ❝¿Qué clase de corderito entra a la guarida del lobo y cree que puede hacer un trato con él?❞ Editando
