31 de diciembre
El año pasado todo había marchado a la perfección. Me había graduado con éxito y disfrutaba felizmente de una relación de tres años que, con toda seguridad, terminaría en matrimonio.
Nada podía salir mal. Los proyectos que había emprendido seguían su curso este año, y yo no hacía más que cosechar éxitos.
Tan absorta estaba en mis pensamientos que no noté la llegada de mi novio, él había llegado un poco tarde a la cena de Año Nuevo y faltaban unos cuantos minutos para dar paso al festejo. Estaba parado junto a la ventana, mirándome fijamente, esperando pacientemente a que me diera cuenta de su presencia. Cuando finalmente volteé, me encontré con su cara estirada en una mueca ridícula: tenía los ojos bizcos, los labios fruncidos y la nariz arrugada como si hubiera olido algo terrible. La combinación era tan absurda que solté una carcajada sin poder evitarlo.
Y ese gesto tan absurdo me hizo sentir mariposas en el estómago.
—¡Qué tonto eres! —le grité a través de la ventana, riendo sin poder contenerme mientras me doblaba sobre mi estómago, que comenzaba a dolerme por la carcajada.
Adam no tardó en entrar a la casa, con una sonrisa traviesa mientras avanzaba directo hacia mí.
—Te ves preciosa cuando te ríes así —dijo, estirando los brazos para atraparme.
Intenté esquivarlo, pero no fui lo suficientemente rápida. En un instante, me envolvió entre sus brazos y me levantó del suelo con facilidad, haciéndome girar en el aire.
—¡Adam, bájame! —grité entre risas, golpeando suavemente su hombro.
—Mmm, lo pensaré... ¿Si me das un beso?
Puse los ojos en blanco, pero cedí. Me acerqué y le di un beso fugaz en la mejilla.
—¿Eso es todo? —protestó fingiendo decepción.
—¡Cállate! —dije riendo y escondí la cara en su pecho.
—Bueno, en todo caso... —suspiró dramáticamente—. ¡Feliz Año Nuevo, mi amor! —exclamó con felicidad, regalándome la sonrisa más preciosa que había visto.
—¡Feliz Año Nuevo! —respondí, aún apoyada en su pecho—. ¿Ya escribiste tus propósitos para este año?
—Por supuesto, aunque uno sigue repitiéndose... —respondió con un tono juguetón.
—Déjame adivinar —dije, separándome apenas para mirarlo a los ojos—. ¿Casarnos?
Sonrió con complicidad.
—¿Qué puedo decir? Soy un hombre persistente.
Rodé los ojos con cariño y tomé sus manos entre las mías.
—Sabes que quiero pasar mi vida contigo, Adam. Solo... ya veremos cuándo es el momento perfecto.
—El momento perfecto es cuando tú digas que sí —respondió, con esa dulzura que hacía que mi corazón latiera más rápido.
Nuestra tradición era escribir diez propósitos de Año Nuevo en una hoja, siempre cortos y alcanzables. Al final del año, los abríamos juntos para ver cuántos habíamos cumplido, ya fuera de manera individual o ayudándonos mutuamente. Era un momento que ambos esperábamos con ansias.
Este año, Adam había logrado todos sus propósitos excepto uno: casarnos. Decían que éramos demasiado jóvenes a nuestros 22, pero yo no tenía dudas... Quería pasar el resto de mi vida con él.
Adam me miró con esa mezcla de amor y diversión que me hacía sentir como si fuéramos los únicos dos en el mundo.
—Bueno, ya que mencionamos los propósitos... ¿quieres escribir los de este año? —preguntó, entrelazando sus dedos con los míos.
—¡Claro! —sonreí—. Pero esta vez quiero que agreguemos algo diferente.
—¿Algo como qué? —dijo con curiosidad.
—No sé... algo espontáneo, algo que nos rete más allá de lo típico.
Adam frunció el ceño en un gesto pensativo.
—¿Tipo hacer un viaje sin planear nada?
—¡Exacto! —exclamé emocionada—. Solo tomar las llaves del coche, manejar sin rumbo y ver a dónde llegamos, que sea uno de nuestros proósitos que compartamos.
—Eso suena como la clase de locura que haríamos —rió, tirando suavemente de mi mano para llevarme al sofá—. Bueno, vamos a escribirlo antes de que nos gane la flojera.
Nos sentamos en la alfombra, con una hoja en blanco entre nosotros. Tomé un bolígrafo y escribí el título: Propósitos de Adam y Ellie.
Seguimos escribiendo propósitos, pero esta vez de forma individual, ninguno de los dos debía saber el propósito del otro, así para final de año, todo era una sorpresa.Cuando terminamos, él se quedó mirándome en silencio por un momento.
—¿Qué? —pregunté con una sonrisa tímida.
—Nada... solo estoy pensando que, sin importar lo que pase este año, no hay nadie más con quien quisiera cumplir estos propósitos. —señaló el papel que tenía en la mano.
Mi corazón se derritió en ese instante.
—Yo tampoco —susurré, acercándome a él para besarlo.
Afuera, nuestras familias compartían un momento ameno, desde hace dos años nuestras familias habían decidido ya compartir los años nuevos, mí familia amaba a Adam y yo me sentía muy querida en la familia de Adam, todo era mutuo.
—Te quiero tanto, Adam. Ya lo sabes, ¿verdad? —le dije, mientras sus dedos se entrelazaban con los míos.
—Lo sé —respondió, sonriendo ampliamente—. Y yo a ti. Este año, sin importar lo que pase, quiero que estemos juntos, siempre.
El reloj en la sala sonó, marcando la llegada del Año Nuevo. La música comenzó a sonar y las voces de nuestros familiares se elevaron en un brindis. Nos miramos un momento, sabiendo que había algo especial en el aire, algo que solo nosotros compartíamos.
—¡Feliz Año Nuevo, Ellie! —dijo Adam, mientras me daba un suave beso en los labios.
—¡Feliz Año Nuevo, mi amor! —respondí, abrazándolo con fuerza.
La noche continuó entre risas, abrazos y promesas para el futuro. Aunque mi mente jugaba con pequeños pensamientos sobre el futuro, estaba feliz. Estaba con él, y no necesitaba más en ese momento.
