POV Lily
Otro día, otra broma. Había veces en las que no quería levantarme de la cama, solamente me quería quedar ahí, en la oscuridad, para siempre. Sabía que todo era mi culpa, yo me portaba mal y por eso salía castigada, por mis padres o por mis compañeros. Después de todo si yo no los molestase de alguna forma ellos no se enojarían conmigo.
Tenía frío y toda mi ropa se sentía húmeda y pesada. Mi madre me retaría cuando llegase a casa, probablemente no comería esa noche tampoco. Me dirigí hacia el cuarto del conserje como siempre hacíamos con Ted luego de que nos tiraran algo encima, solo que esta vez no estábamos los dos solos. Ramona no se merecía esto, ella no tenía la culpa de nada, pero eso es lo que consigues si decides llevarte con los inadaptados de la escuela. Porque así era, solo eramos dos contra todos los demás.
El cuarto era pequeño pero la proximidad nos iba a mantener calientes. Tomé una toalla y comencé a secarme rápidamente, no me importaba si la fricción me hiciese doler la piel, el dolor me recordaba que yo era una mala persona.
Escuché como Ted comenzaba a sacarse la remera y vi casi al instante a Ramona darse vuelta y mirar hacia la pared. Esa había sido mi reacción la primera vez que vi a Ted hacer eso, el era tan liberal en cuanto a su cuerpo, una vez me contó que no se preocupaba en quedarse desnudo en frente de una chica porque sabía que ninguna se interesaría en él. Pero se equivocaba, yo me interesaba en él. Ted era la única persona que no creía que yo fuese mala, además era inteligente y tierno, era esa clase de chico que tienes que conocer para darte cuenta de que era un diamante en brutp. Las primeras veces confieso que resultó chocante y algo vergonzoso, esa era la primera vez que veía a un chico semi-desnudo y sentir mi sangre en ebullición fue toda una sorpresa, pero al correr del tiempo me acostumbré y escondí esos sentimientos, no fuese que Ted me odiase también.
Mis padres ciertamente me hubiesen castigado si escucharan las clases de pensamientos que tenía hacia él. Me gritarían, me leerían la biblia y me encerrarían en mi cuarto sin cenar, no importa cuánto gritase por comida ellos jamás se apiadaban de mí. A veces me preguntaba cómo me tratarían si fuese una chica buena. O si yo no hubiese nacido. Pero siempre me retractaba en esa última parte, ya que si yo no hubiese nacido Peter, mi hermano pequeño, tendría que apañársela solo con ellos. Él tenía solo tres años y como todo niño tendía a portarse mal, pero al parecer Madre y Padre sentían disgustos hacia tan normales comportamientos, por eso lo castigaban y le golpeaban de vez en cuando, yo intentaba ayudarlo todo lo que pudiese pero no estaba en casa las veinticuatro horas del día como para estar haciendo de heroína cada vez que se metía en un lío. Ademas de que cada vez que intentaba hablar con ellos sobre ello mis padres me mandaban a leer la biblia y buscar la parte en la que decía que los hijos que no respeten a sus mayores deberán ser castigados. Sabía lo que sufría Peter porque yo lo había sufrido, aun lo sufría.
Sin darme cuenta me había perdido en mis pensamientos y Ted y Ramona se habían ido del cuarto. Estoy bastante segura de que me habían dicho algo y que yo les había respondido, sin embargo no tenía ni idea de que habíamos hablado. Bien, no me molestaba estar sola. En realidad estar a solar y a oscuras, con el silencio como único sonido, era mi paraíso. Allí nadie me recordaba de que yo era una mala y pecadora, allí podía simplemente imaginar que mi vida era feliz, soñar que mis padres me amaban y fantasear de algún lindo chico al que le agradase.
Mi primer amor fue Caleb. Él era el chico más lindo del curso, y como toda chica de catorce años quedé profundamente enamorada de él. En ese momento era inocente y tenía una imagen de la realidad muy diferente a lo que era. Me guiaba por las películas de amor adolescente que veía a escondidas de mis padres, en donde la chica dulce se enamoraba del chico malo y lo hacía cambiar expresando y demostrando su amor. Que equivocada que estaba, los chicos malos nunca cambian, solo te rompen el corazón.
Cuando le confesé mi amor decidí hacerlo románticamente y le escribí una carta. Aún recuerdo sus dolorosas palabras:
“Pensando en ti sin abrir los ojos, soñé un sueño.
Éramos los únicos en el mundo, nuestros besos retumbaban en el vacío, nuestras miradas se encontraban a kilómetros de distancia, nuestros cabellos se enredaban en el viento y tus ojos nos daban luz en las noches oscuras cuando dormíamos juntos dándonos calor uno al otro. Juntos podíamos hacer lo que queríamos y sin embargo no me querías. Teníamos el mundo para nosotros y aún así no me deseabas.
Abrí los ojos y tú no estabas allí para hacerme compañía.”
En un mundo perfecto Caleb sonreiría para sus adentros mientras leía mi carta y me miraría con ternura para luego abrazarme hermosamente. Pero este no era un mundo perfecto, este era mí mundo. Él no se rió para sus adentros, él se rió a carcajadas mientras me señalaba y les mostraba la carta a sus amigos para que ellos se riesen también. Todo comenzó a ir en cámara lenta, las lágrimas me nublaban la vista deformando los rostros de mis compañeros haciéndolos ver más macabros. Les cuento un secreto… el sonido sordo que hace el corazón al romperse, es un eco casi infinito que se escucha hasta la muerte.
Desde ese incidente todo el mundo se burló de mí. Yo era una chica mala, era mala por pretender que alguien como Caleb siquiera pudiese mirar a un pequeño ratoncito como yo. Me lo merecía, merecía lo que él y todos los demás me hacían, yo había comenzado esto.
La campana sonó pero no me moví. No es como si a alguien le importase si yo asistía a clase o no, después de todo a nadie le importaba. Me quedé allí encerrada hasta que todo se sumió en un perfecto silencio. No lloré, hace mucho que no lloraba. Simplemente me quedé callada como una chica buena haría.
El silencio era ensordecedor pero calmante, casi perfecto, pero en mi vida nada era perfecto por eso él tenía que arruinar el momento.
-¿Qué haces ratoncita, escapando de clases como una chica mala?- su voz era aterciopelada y hasta algo dulce, su voz me recordaba a la de una manzana envenenada. No le contesté.- ¿Un gato te comió la lengua?-Se acerco a mi casi tocando su nariz con la mía.- ¿Quieres que yo te la coma?- Siempre hacía eso, me ponía nerviosa hasta que me sonrojase solo para burlarse de mí.- Solo eres la misma chica tonta de hace tiempo atrás. Aún estas enamorada de mi ¿cierto?
-No e-es ci-cie-cierto. -¿Por qué siempre tartamudeaba cuando él me molestaba?
-S-si e-es ci-cie-cierto.-Se burló mientras se levantaba y abría la puerta. Pero antes de irse me lanzó un guiño y un beso. Jamás dejaría de molestarme. Probablemente nunca le gustase a nadie. Quizás mis padres morirían odiándome.
Si yo muriese… ¿Dejaría de ser una chica mala?
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Primero que nada perdón por haber tardado tanto, pero tuve un problema con la compu y me la devolvieron recién hoy.
Segundo, sé que Lily es mucho más oscura y triste de lo que parecía pero quería hacer un personaje principal que no fuese todo color de rosa, (es más, si mi cabeza me da, voy a intentar que cada uno de ellos tenga sus propios secretos y mentiras) quería hacer de ella un personaje sufrido que sus problemas estén a la vista de todos pero que solo una persona pueda verlos (Ramona jeje). Lily y Ramona van a ser mis principales ejemplos de bullying y de problemas alimenticios para mostrar la realidad (de una forma no tan real) de lo que algunas adolescentes sufren.
También de vez en cuando cuando me estanque con algún personaje o alguna relación entre ellos les voy a preguntar a ustedes así me ayudan a decidirme.
Muchas gracias por leer, un besote ;D
