Al día siguiente, antes de partir, hice cálculos. En cada sobre había, en efecto, cuarenta y dos mil quinientos yenes. Así que, contando el día anterior, primero de diciembre, eran cincuenta y tres días que trabajaría. Intuyendo, claro, que mi día libre fuese domingo. Si laborara 12 horas diarias durante esos dos meses, a ¥85,000 el día, no resulta en dos millones de yenes. Resulta en cuatro millones. ¥4,505,000, para ser exactos. Me quedé pasmada un buen rato. Era más que suficiente. Sin embargo... hacer eso. Lo que hice el día anterior. No, hacer más que lo que hice el día anterior. Y, estaba segura, con más personas. Me pregunté de nuevo si no habría tomado una terrible decisión.
Al llegar, Leslie me abrió la puerta. Había tomado un taxi, pues no podría cargar todas mis pertenencias en la bicicleta. La casa de los Raleigh estaba algo apartada, en los suburbios, y no había otra casa en al menos uno o dos kilómetros. El jardín de la casa era bastante grande tenía inclusive una especie de quiosco pequeño, blanco y muy bonito.
- ¡Hola! Yagiko-chan ¿sí? Me alegra verte. ¿Sabes? Mi hermana mayor dijo que no regresarías, que tomarías el dinero y te irías. Yo estaba segura de que sí vendrías. Parece que alguien ganó una apuesta~ ¡Y vaya! Treinta y tres minutos temprano, eso es una estupenda señal.
Leslie parecía haberse despertado hacía unos minutos. Su cabello purpúreo estaba algo alborotado, y vestía los pants de una pijama violeta con motivos de mariposas, una blusa de tirantes rosa claro y pantuflas rosas de gato. Me hizo pasar. Sentí que mi estómago se revolvía al entrar de nuevo a esa casa.
- Disculpa mis fachas. ¡Qué vergüenza! Dame unos minutos para arreglarme, ¿sí?
- Por supuesto.
Llevé mi maleta, mi mochila y mi bolso a la sala de estar. Sentí de nuevo ese casi imperceptible aroma dulzón. La estancia era muy amplia, con muebles elegantes y un par de estantes con libros y revistas. Una enorme televisión de pantalla plana adornaba la pared. Tragué saliva, me senté en el sofá, y esperé. "Unos minutos" en realidad significaba "cuarenta y dos minutos".
- Lo siento, lo siento - Leslie bajaba las escaleras. Estaba su cabello caía hacia atrás, brillante. Vestía una falda amarilla que bailaba alrededor de sus muslos a cada paso que daba, una ajustada blusa sin mangas con ondulaciones en el cuello y los hombros, y zapatillas amarillas. No negaré que se veía bastante guapa - Pero creo que ahora estoy lista. ¡Tarán! Estás preparada para el tour a la casa Raleigh, ¿sí?
Leslie me llevó por toda su casa. Tenían 6 recámaras en la planta superior (algunas sin usar), un ático y un sótano pequeño, dos duchas arriba y dos medios baños abajo, un estudio, la sala de estar, un gimnasio no muy espacioso, un cuarto-bodega, una cocina y comedor enormes, un jardín hermoso, y una piscina detrás. El tour llevó casi dos horas, pues Leslie insistía en explicar cada cosa acerca de cada habitación. La única habitación a la que no entramos fue a la de Alice, la hermana pequeña de Leslie, pues aún dormía.
Me explicó que Karin trabajaba hasta media tarde, al igual que su hermana mayor, Mariko. La última habitación que me mostró fue una en la planta baja. Tenía cuatro camas individuales con sendos armarios.
- Aquí dormirás. Es el cuarto de las maids. Lo malo es que estarás sola hasta que el resto regrese el próximo mes. Es lindo ¿no?
- Sí, lo es.
Dejé mi equipaje en una cama y suspiré. Me senté en ella.
- Lo siento.
- ¿Eh? ¿Por qué?
- Yo... tengo miedo. - le dije, mirándola a los ojos. Su expresión se tornó afable. Se sentó a mi lado y me rodeó con su brazo.
- No te preocupes, Yagiko-chan. Mi madre me platicó. Sé que no eres una chica de mala voluntad, y aceptaste porque quieres un mejor futuro. Eso es algo que admiro - me acarició la mejilla con un dedo - Admiro el trabajo duro. Déjame decirte algo: yo soy tu aliada aquí.
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La Casa Raleigh
Fiction généraleLa joven Yagiko Kuchizumi está en aprietos. Con unas enormes ganas de estudiar y salir adelante, e igual de enormes carencias económicas, Yagiko comienza a trabajar como sirvienta en la Mansión Raleigh. No tarda en darse cuenta de que hará más que l...