Capítulo 4

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Tacos mexicanos y Bienvenida Inesperada

Seguimos abrazadas por unos segundos más, dejando que nuestros sollozos llenen el silencio. Las lágrimas caen sin control, pero no decimos nada, no hace falta. Cuando finalmente nos separamos, nos miramos y sonreímos. A pesar de todas esas videollamadas por Skype, puedo notar cuánto ha cambiado desde la última vez que nos vimos, aquel verano antes de entrar al último curso de la high school.

Sigue siendo hermosa, de esa manera que hacía que los chicos se volvieran locos por ella. En aquel entonces, ellos siempre usaban una palabra para describirla: perfecta. Su piel blanca contrasta con sus ojos marrón oscuro, los mismos tonos que tiene su cabello. Pero lo que realmente capturaba la atención de los chicos era su figura. Flaca, pero con curvas, tenía ese tipo de cuerpo que parecía sacado de una revista. Sin embargo, para mí, siempre ha sido mucho más que su apariencia; ella es mi amiga, mi confidente, la persona que siempre ha estado ahí para mí, sin importar la distancia.

-Hola, Bestie- le digo sonriendo de oreja a oreja al igual que ella

-Hola, Marquecita- dice haciéndome reír. Ella siempre me ha llamado así. Es como un derivado de mi apellido " Márquez". - Creo que ya deberíamos irnos. La gente nos está mirando como si estuviéramos dementes.

-Como si ya no estuviéramos acostumbradas a que piensen eso de nosotras- rio y ella ríe conmigo. - Pero dale, vámonos. Estoy loca por usar el baño y acostarme a dormir. Estoy que me caigo de boca. - ella ríe y toma mi maleta del suelo.

Voy a quitársela de las manos, pero ella solo camina más rápido. La realidad es que no puedo aguantar más y me dirijo a los baños de aquí.

-Voy primero al baño. La verdad no puedo aguantar.

-Anda, porque además el viaje es largo hasta casa.

Yo salgo disparada hacia el baño mientras Keish me espera fuera. Rápido entro a un cubículo y descargo mi vejiga. La verdad me estaba aguantando mucho. Siento alivio cuando acabo y salgo del cubículo. Me lavo las manos y me miro en el espejo, sonrío. Espero pasar un buen mes aquí. Salgo del baño y me encuentro a Keish.

- ¿Nos vamos?

-Obvio, ¿No pensarás que me voy a quedar a dormir aquí o sí? - digo con el sarcasmo que siempre uso con ella. Ella ríe

-Típico de ti. Eres una amargada- dice aun riendo

Nos guía al carro. Miro el cielo y puedo apreciar las pocas estrellas que se hacen presente. Cuando llegamos al estacionamiento veo su auto. No puedo creer. Ella se compró el carro que siempre quiso. Rio y ella me miro curiosa.

- ¿A qué se debe tu risa, Bestie? - pregunta con una sonrisa de confusión en su rostro

- A que lograste comprarte el auto que siempre quisiste- respondo y ella asiente sonriendo mientras abre la cajuela del carro para meter mi maleta y mi bulto de mano.

-Si supieras todo lo que me tuve que quemar las pestañas.

-Ohh- dije no tan sorprendida. Ella siempre ha sido una persona que prefiere hacer las cosas por si sola sin necesitar la ayuda de nadie, algo así como ser independiente desde niña.

-Sí

Se monta en el auto, quita los seguros y rápido me meto en el auto. No hago más que poner mi trasero en el auto y me suena el estómago en señal de hambre. Me quedo callada y no le digo nada, porque no sé si ella está cansada por el trabajo, así que mejor me guardo mi problema con el hambre. Ella enciende el motor y empieza a conducir

- ¿Cómo has estado? - me saca de mi trance por la comida- ¿Cómo vas con Guillermo? - pregunta esto último con desagrado. A ella no le cae bien Guillermo.

EL DESTINO (Disponible en Amazon)1ra parteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora