Extra 4*

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Antes de terminar de escribir la ecuación en la pizarra, sentí el inesperado roce del papel trazar una línea en mi espalda. Me mordí el labio reprimiendo una sonrisa, y apresure mi mano izquierda a escribir en la pizarra.

Cuando finalmente termine de escribir el texto, les pedí a todos que lo copiarán y procedí a sacar de mi espalda el pequeño papel que Penélope había depositado con tanto cuidado.

¡Hey, profe!

Bien, le pondré otro reto. Abrace a una distraída alumna y dígale que la quiere. Se qué esto no es tan malo, pero quiero ver a quien escoge. Para hacerme una idea de quien le gusta.

Reprimí una carcajada. Aún no podía creer que pese a todas mis indirectas, Penélope no se diera cuenta de lo que en realidad sentía por ella. Es decir, no es que ella fuera una persona tonta. Era completamente capaz de notar el efecto que causaba en mi.

Quiero creer que toda su aparente ignorancia, es puro teatro. Pero al parecer se está tomando su papel muy enserio.

Saque un cuaderno del pequeño cajón que se encuentra en mi escritorio y arranque una hoja. Me dispuse a escribir.

Muy bien cariño, ¿quieres hacerte una idea de quien me gusta? Me parece perfecto. Interpreta esto, preciosa.

Hice una pelota con la hoja y la tire al cesto de la basura. Demasiado insinuante, soy demasiado obvio.

Tomé otra hoja y comencé a escribir de nuevo.

Tú me gustas, quiero abrazarte a ti.

Tache inmediatamente sintiéndome frustrado. ¿Qué acaso no puedo escribirle algo normal, sin necesidad de insinuarle mis sentimientos, y sin decírselos directamente?

Me dispuse a escribir otra vez.

¡Hey, cariño!

Pan comido, te daré una pista de a quien abrazare. a) Es la chica más bonita de mi clase. b) Esta loca de remate. c) Su letra es horrible, pero escribe cosas preciosas. d) Eres tú.

Tiro el último papel a la basura. Enserio, tengo problemas con esto de las indirectas. Deberían ser un poco menos directas. Aunque no se muy bien que hacer, me levanto de mi asiento. Me acerco a Penélope sigilosamente y verifico que nadie nos este viendo.

No, esto es muy arriesgado. Hasta ahora parece que no me importara lo que vean los demás, pero si me importa. Enserio, amo mi trabajo. Me apetece conservarlo.

Entonces se me ocurre una idea. Les pediré que se unan en equipos, así todos hablaran entre ellos y nadie me prestara atención. Además estoy casi seguro de que Penélope pedirá hacer la tarea sola.

Sinceramente, y aunque suene estúpido al decirlo. Me siento orgulloso por tan brillante idea. Tonto, lo se.

Dejando mis divagues de lado, me coloco en frente de la pizarra tratando de llamar la atención de mis alumnos.

-Atención chicos, dejen de hacer lo que sea que hagan por un rato-. Ellos, como buenos flojos que son, dejan inmediatamente de escribir en sus cuadernos para prestarme atención. Penélope me mira fijamente de modo de exigencia. Ya la he hecho esperar mucho para hacer su bendito reto. Aún con su mirada sobre la mía me doy cuenta de lo nervioso que me pone.

Mientras muerdo mis labios frenéticamente se me pasa por la cabeza la frase "Si las miradas fueran puñales..."

-Escúchenme- eso sonó estúpido tomando n cuenta de que todos me escuchaban ya. -Como entiendo perfectamente la increíble dificultad que conlleva hacer estos problemas matemáticos para algunos, les dejaré que se junten en equipos. Pueden ser de tres o de cuatro, como gusten-. Sonrió y rezo para que Penélope levante la mano ahora.

¡Hey, profe! [Wattys2016]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora