¡Hey, profe!
Hoy Cath no ha venido a clases. Me pregunto a que se debe, quizá pesco un resfriado, o se quedo en casa vomitando por que alguna persona vengativa puso alguna porquería en sus bizcochos. Quien sabe, el que lo hizo no quiere revelar su identidad. O quizá sólo se tomó el día libre, todo es posible.
Mire a los ojos a la pequeña chica que se mordía el labio divertida y Levante una ceja. Como respuesta, ella no hizo más que guiñar un ojo. Abrí el cajón donde guardaba todos los aviones de papel que Penélope me mandaba y agregue uno más.
-¿Es enserio?- Le pregunte por lo bajó, ya que ella ahora se sentaba enfrente mío.
-¿Porque no hablaría enserio?- afirmo.
Torcí la vista hacia su cuaderno vacío y fruncí el ceño. Esto me huele a trampa.
-Bueno, ¿y qué con que no haya venido?-Intente que llegara al grano si necesidad de demasiados preparativos.
-Pues que, hoy no esta para vigilarnos- dijo con una voz demasiado traviesa como para presagiar algo seguro.
Entrecerré los ojos con la más intensa de las desconfianzas. Ella se levantó de su pupitre y se alisó la falda.
-¿Qué estas haciendo?- Cuestione extrañado.
Ella se acomodó el cabello detrás de la oreja con aires de niña pequeña.
-¿Puedo ir al baño?- Preguntó con las puntas de los índices juntas y un tono mucho más agudo de lo normal. Parecía tener la caja de la voz más pequeña del mundo, en mi vida había escuchado una voz así.
Comprendí algo, quería convencerme. Jamás lo había echo conmigo, pero si enfrente de mi.
Penelope me había enseñado una vez, lo que jugar con las mentes de los otros podría brindarme. Ella misma había hecho el experimento con una de las maestras. Había aguzado la voz hasta volverla un pequeño hilo tan delgado que resultaba prácticamente invisible, pero tan fuerte que era capaz de derrumbar hasta el más fiero de los ánimos. Vi como una delgada línea de agua salada se le formaba en la mejilla, como inclinaba la cabeza y como evitaba llevarse las manos a la cara para no obstruirle la vista a la maestra más estricta de la escuela. A la cual, no se le habría hecho fácil negarse a la más absurda petición que la pequeña manipuladora le hiciera.
-Puedes ir- Penélope salió corriendo antes de dejarme terminar. -¡Hey, Tomatito! ¡No me has dejado terminar!- Ella contorsiono la cabeza como la niña del exorcista.
-Aja, dígame- su tono manipulador había desaparecido.
-Solo, no me manipules ¿Okay?- Sonó como un suspiro, no como una pregunta.
-Tranquilo, no he usado ni la mitad de mis poderes con usted- movió sus dedos simulando que hacia magia y me guiño un ojo.
-Vete, shu- a estas alturas, me costaba no reírme.
-Regreso en un minuto- dijo ya fuera del salón.
Rodé los ojos y dejé que se fuera. Pero en contradicción con lo prometido, no regreso en un minuto, ni en dos. Tampoco a los quince, veinte, veinticinco.
Comencé a preocuparme. Quizá ir a buscarla no fuera una idea muy prudente, pero la prudencia era lo que menos me importaba una vez parado frente a toda la clase.
-Muy bien chicos. Tengo que salir un momento a buscar unos papeles. Si acaban la actividad entreguen sus hojas a la jefa del grupo, y si suena el timbre salgan todos- lo dije casi sin pensar, las palabras salieron automáticamente de mi boca.
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¡Hey, profe! [Wattys2016]
Nouvelles"¡Hey, profe! Tengo que ir al baño. ¡Hey, profe! ¿A detención otra vez? ¡Hey, profe! Tiene bonita letra, ¿sabe? ¡Hey, profe! ¿Puede creerlo? Esta vez si hice la tarea, pero es que mi amiga pues... Se la comió. ¡Hey, profe! ¿Cómo sabe que soy alérgic...
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