Capítulo uno

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Verde. Era la único que veía por la ventana del coche, prados llenos de hierba fresca con árboles y montes a lo lejos, todos teñidos del color verde. Me dirigía a lo que sería una cárcel de verano. Dos meses encerrada en un campamento.

Gire la cabeza y vi a mi madre sonriéndome por el retrovisor y a mi padre durmiendo en el asiento del copiloto. Gire mi cabeza hacia la derecha y seguí mirando el paisaje.

Empecé a imaginarme como seria el campamento: todos los días levantarse a las ocho, desayunar, hacer actividades, comer, más actividades, cenar y a las nueve de la noche estar ya dormidos, vamos, lo que viene a ser mas bien una cárcel, eso me esperaba a mi en el campamento Megs.

Tras un largo viaje lleno de aburrimiento y pensando que es lo que haría durante todo el verano metida allí, llegue al campamento. A primera vista no tenía mala pinta puesto a que había un gran terreno, varias cabañas, un lago, un huerto, animales... Lo típico que tiene un campamento de verano.

—Tiene buena pinta. —Me dijo mi padre apoyando su brazo en mis hombros y achuchandome un poco.

Yo lo mire con desgana, agarre mi maleta y comencé a andar junto a mis padres. Entramos en una de las cabañas del centro donde suponí que sería la recepción.

—Tu debes de ser Jordan. —Me dijo la señora que estaba detrás del mostrador.

Asentí con la cabeza y ella me dio una llave con un mapa. La señora era una señora un poco mayor ya, tenía sus arrugas en la cara y en las manos, llevaba unas gafas para ver de cerca; se que son para ver de cerca porque mi abuela usa las mismas. Llevaba puerta una camiseta roja donde ponía Campamento Megs.

—Esta es tu habitación, la 9D, la compartirás con otras tres chicas y este es el mapa del campamento. —Agarre las cosas y le sonreí falsamente saliendo de la cabaña.

—Cariño alegra esa cara. —Me dijo mi madre algo decepcionada por mi.

De nuevo sonreí falsamente y guarde la llave en el bolsillo de mis pantalones.

—Te llamaremos esta noche, y recuerda que te queremos. —Dijo mi padre.

—Pues no lo parece. —Dije agarrando la maleta con fuerza.

—Si vienes con nosotros te aburrirás, es un viaje de negocios. —Me explico mi madre.

—Eso sería mejor que está cárcel. —Refunfuñé de mala gana.

—Te queremos Jordan. —Me dijeron los dos y me abrazaron dándome un beso en la mejilla, después, se dieron la vuelta y se fueron.

Agarre la maleta con más fuerza y me dirigí hacia a mi cabaña. Aún no me situaba por lo que iba mirando el mapa hasta que de pronto alguien choco conmigo e hizo que cayera al suelo y también se me cayese el mapa de las manos.

—¡Ten más cuidado, mira por donde vas! —Le grite sin mirar siquiera de quien se trataba.

—Lo siento, no miraba por donde iba. —Dijo una voz masculina.

Me agarró de la mano y me ayudo a levantarme. Nuestros cuerpos chocaron y yo mire a sus ojos, a sus azules y grandes ojos que, en un simple segundo, parecían hipnotizarme.

—No pasa nada. —Le conteste sin poder dejar de mirar esos ojos.

No se que era lo que me pasaba, hace nada acababa de gritarle a aquel chico, la verdad es que me daba igual quien fuese, pero ahora, al verle la cara y sobre todo aquellos azules ojos, parecía que me habían calmado.

Sacudí la cabeza y cogí el mapa del suelo y junto a eso también mi maleta.

—¿Primer año? —Me pregunto el chico, mirándome de arriba abajo, probablemente analizándome.

Campamento de veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora