¿Nunca has dudado de tu sexualidad?
Caleb es un joven de 15 años que está empezando a descubrirse a sí mismo, después de una tormentosa relación con una chica. El problema empieza cuando nuestro protagonista se da cuenta de que otro adolescente llam...
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No pude dormir casi nada, el mensaje de Pedro había estado dando vueltas en mi cabeza durante toda la noche.
¿Qué significaba que mi secreto corría peligro?
Me levanto de la cama y me voy a la ducha para intentar despejarme un poco, aunque no sirve de mucho.
No puedo parar de pensar que cualquier cosa que pasara hoy sería conocida por toda mi ciudad, hay demasiada gente en el colegio. Espero que la quedada de Óscar e Iñigo el otro día fuera solamente una cita entre ellos, porque si no es así, debería preocuparme.
Cuando llego a la cocina para prepararme el desayuno, mi madre ya está apoyada encima de la encimera tomándose el café.
+¿Vais a poder venir a ver mi presentación? –pregunto mientras abro el frigorífico para coger la leche.
–No te aseguro nada, ya sabes que no podemos escaparnos mucho del trabajo, y menos ahora que es fin de curso –responde ella.
La cocina se queda en silencio durante unos minutos mientras yo sigo preparándome el desayuno y ella da pequeños sorbos al café.
+Me haría mucha ilusión que vinierais –insisto un rato después rompiendo el silencio.
–A mi también me hace mucha ilusión ir a verte, sé que es importante para ti.
+Pues si tanta ilusión te hiciera, harías lo posible por ir verme. Además es por la tarde y vosotros no tenéis clase –reprocho.
–Tenemos que ir a las evaluaciones y nos quedan mucho exámenes por corregir. No todo es tan fácil como tú crees.
+Ni todo tan difícil –respondo cabreado.
–Cariño... sabes perfectamente que las cosas no dependen de lo que nosotros queramos, tu padre y yo tenemos un trabajo y no podemos escaparnos a la ligera –responde.
Me quedo callado y sigo bebiendo la leche del vaso como si nada estuviera pasando.
–Cuando no se puede, no se puede –dice mi madre finalizando la conversación mientras sale de la cocina.
+Ultimamente nunca tenéis tiempo para mí –digo en voz alta aunque ya no puede escucharme.
Me levanto y dejo caer el vaso vacío sobre el fregadero en un signo de frustración ante mi situación actual. Me espera un día duro.
Hoy no tenemos clase por la mañana, así que me preparo la comida en casa y espero hasta las 4 que tengo que ir para comenzar los ensayos.