1
Las rutinas a las que se atienen muchas personas, están destinadas a permanecer perpetuas, dentro de ellas pueden estar algunos cuántos cambios, cambios insignificantes, como salir por una cerveza con los amigos del trabajo después de la jornada o como ir al cine durante la noche, pueden incluirse las vacaciones familiares; desafortunadamente, llevar una vida en la que la ruptura total de la cotidianidad no está presente ni en pesadillas, puede llevar a la locura, y normalmente, cuando eso sucede, se puede esperar que el sujeto no pueda controlar ese peso, ya que tiene que enfrentarse cara a cara con la fragilidad de su propio ser. Una ruptura amorosa puede ser la causante, como queda claro en muchas películas, pero el desenlace nunca varía: el protagonista afronta las adversidades que se le presentan con la finalidad de destruirlo y al final aprende que ser destruido no es tan malo como ciertas personalidades en su historia lo quieren demostrar; el protagonista entiende que en la vida se sufre y que la vida no debe de ser un sinónimo de eso, ya que está sujeta al cambio.
Pero no hace falta ser un detective, para saber que la realidad es muy diferente de las ficciones ideales en las que todo el mundo quiere vivir. En la realidad las personas tienen que enfrentarse con males mucho peores una y otra vez, la estabilidad se consigue por un momento muy corto y al final puede que el trayecto de vida concluya sin que se haya podido salir de esa coraza de oscuridad constante. La juventud es un ejemplo claro de lo que se puede llegar a hacer con tal de pasar un buen rato y olvidarse del dolor de su pasado, del dolor de la soledad y del dolor de sus pensamientos. Lastimarse a sí mismos con tal de que el dolor físico sea mucho mayor que el emocional es una práctica reflejada en los brazos o en el estómago, cuando el joven sujeto está comprometido con una huelga de hambre. El dolor interno es el que arrebata al sujeto de su capacidad para actuar con locuacidad o para conciliar el sueño sin que antes comience a pensar en que su vida es un desperdicio de espacio, considerando una y otra vez que su existencia es tan útil como un resfriado: el mundo continuaría siendo el mismo, aunque él dejara de existir en ese momento.
Tal era el caso de Zaffeth Frobisher: cuando su padre lo insultaba, cuando la violencia de su antigua vida continuaba asechándolo para arrancarle lágrimas de desesperación o cuando se enfrentaba con la oscuridad de la soledad, ninguna golpiza a mitad de la noche, ninguna golpiza de jóvenes abusivos o incluso un botellazo en el rostro, podían rebasar el nivel de dolor emocional con el que se iba a la cama todas las noches. Zaffeth Frobisher había llegado a Little Stohl siendo inmune a todo eso, y no porque aprendiera lo que el protagonista de las películas —a ser fuerte, audaz y obstinado—, sino porque dentro de él se libraba algo mucho más cruel, que lo mantenía desconectado de lo que pudiera sentir al momento de ser atacado.
No, no era la mejor de las formas de mantener en pie un muro que aleje cualquier cosa a cualquier costa, pero estaba lejos de lo peor.
2
El chico de cabello negro y ojos grises estaba acostado en la cama de la habitación de huéspedes en casa de Alex, le parecía irritante no lograr conciliar el sueño, y tras una hora de seguirlo intentado, desistió. Se levantó de la cama, se colocó unas sandalias de color negro, tomó sus cigarrillos y encendedor que tenía guardados en su mochila de la escuela, y salió de la habitación.
Salió al jardín trasero de la casa, que era reducido pero estaba muy bien cuidado, el césped desprendía su aroma constantemente y en el amurallado las enredaderas ya habían dado sus flores; un escenario que a la una de la madrugada se apreciaba mucho mejor que durante el día. La luna se encontraba detrás de unas nubes que no bloqueaban su luz, y caía directamente en el jardín.
Zaffeth recargó su espalda en la pared contigua a la puerta corrediza, se cercioró de que el silencio de la noche solamente fuera el necesario: que solamente se escucharan los cantos de los grillos y el correr del viento. Levantó su cajilla de cigarrillos, sacó uno, se lo llevó a la boca y lo encendió.
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El Cosmos de Zaffeth Frobisher
Novela JuvenilDos chicos unidos. Un amor intenso cual color del cosmos. Dos pasados que nunca debieron cruzarse... ¿Qué puede salir mal...? PROYECTO EN CONTINUACIÓN. (Todavía no termina, pues) Pueden encontrarme en: Twitter: twitter.com/Calvin_Magno Facebook: fac...
