El buen vecíno - Capítulo V (5)

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V

Al día siguiente Clarís no fue al colegio. Y al otro, tampoco. El fin de semana se le antojó demasiado largo a Adriana. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la niña y empezó a temblar. Entonces, su padre entró en su habitación con el periódico en la mano, apretándolo con fuerza, se sentó a su lado, le acarició la cabeza y le besó en la frente.

- ¡Gracias a Dios que no has sido tú!

El angustiado padre arropó a su hija con sus brazos. Se meció junto a ella y suspiro repetidas veces. Intentó con todas sus fuerza contener una lagrima que se le quería escapar, pero no lo consiguió. Adriana le devolvió el abrazo. Su madre, tapándose la boca con las palmas de las manos y apoyada en el marco de la puerta, no dejaba de pensar en lo ocurrido.

Niña de catorce años encontrada hecha pedazos.

Ponía el titular.

Los restos de la joven son analizados por los expertos. Se cree que la víctima residía…

Continuaba el artículo.

- ¡Clarís! –Gritó Adriana desesperada-.

La pesadilla de aquella lejana noche se proyectó en sus ojos. El alma se le cayó al suelo y su mandíbula se le paralizó. Tuvo la sensación de que los pelos se le desprendían de la cabeza y una intensa flojera le recorrió el cuerpo.

Pensó en el señor Galera cortándola con un cuchillo, lamiéndola como una víbora hambrienta, tocándola con sus sucias manos y comiéndosela pedazo a pedazo. La imagen de un monstruo, mitad humano mitad reptil, ocupó su mente. Con sus dedos de uñas largas, arrancaba la fina capa de carne y pellejo que resguardaba las vísceras en la parte abdominal, y las succionaba como a espaguetis. Recuerdos asquerosos de sucesos que quizás no ocurrieron. Sensaciones grotescas y tétricas de momentos que jamás había presenciado.

El timbre sonó…

La madre fue a abrir la puerta y regresó conteniendo las lágrimas y sonriendo.

- Adriana ¿estás bien? –Preguntó Clarís-.

- ¿Dónde estabas? ¿Qué ha pasado estos días? Creía que…

Las amigas se abrazaron.

- Me puse mala y no pude ir al colegio, y para colmo, mis padres me habían castigado por lo del otro día. Cuando leyeron el periódico se entristecieron tanto que me levantaron el castigo.

- Pues nosotros pensamos que tú eras la víctima.

Adriana sintió remordimientos por haber pensado que el señor Galera, su buen amigo y vecino, tenía algo que ver con el crimen. ¿Cómo he podido pensar en una cosa tan horrible? –Pensó-. Siempre nos ha ayudado y siempre ha sido amable con nosotras. Los siento mucho… no volveré a imaginarme nada malo sobre él.

*

Al otro lado de la calle, muy cerca de ahí; en el sótano recién construido de una agradable casa, un monstruo de patas cortas y dientes de plata succionaba el elemento liquido de la vida de pequeños seres vivos. Cucarachas, langostas, moscas y lagartos. Se relamía y se arrastraba entre los restos crujientes de los insectos. Aguardaba en la oscuridad, pacientemente, hasta que su dueño volviera a alimentarlo con sangre fresca. No con la sangre de animales salvajes e impuros, sino con la sangre que hierve dentro de un cuerpo con alma; dulce y virgen. Pero ese era un manjar que su dueño y él sólo compartían en ocasiones… muy especiales.

El buen vecinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora