Capítulo 9: Sin Sentir Calor

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Las últimas palabras que salieron de mi boca fueron "no me rendiré tan fácil", pero no tengo sentido de vivir. Ha pasado una eternidad, estoy seguro de que cuando salga no quedara ningún humano vivo que me recuerde. Nick, Lisa....

¿Alguna vez había sentido tanta hambre en mi vida? Nunca.

Sed. Hambre. Calor. Anhelo todas esas cosas por primera vez en mi existencia. Mi piel esta tan pegada a mis huesos que si me viera en un espejo, vería el contorno de mis propios pómulos, mi clavícula y mis costillas.

He estado aquí una eternidad. Literalmente.

Nick, Lisa.... Espero que tuvieran una buena vida y que el Rey no los condenara...

Les fallé.

Sed. Hambre. Calor.... Luz.

Una luz entró entre los barrotes ahora color ceniza de mi celda. Una luz cálida y cegadora, mis ojos no lo soportan así que los cierro.

-Hey chico, ¿estás bien?

-Si por bien te refieres a que no he comido en días, mi ser pesa y me reseco por dentro, entonces sí, estoy bien.

No sé de dónde saque esa fuerza para hablar, aun así apenas escuche un murmullo salir de mis labios.

-Okay, me retracto.

Un ruido hueco resonó en la cueva, supe que la fuente de luz estaba ahora en el suelo, junto a una tranquila respiración. Ishtar estaba sentada a unos metros de mí.

-Lo siento. No estoy de un humor muy optimista como podrás ver.

-¡Valla! Un demonio disculpándose, ¡consúmelo Satán!

La sombra de sus rizos me ocultaron la luz al mismo tiempo que mi mente razonaba lo rápido que se familiarizó con la jerga del lugar.

-Un chiste de por aquí, que rápido te adaptaste.

-He pasado mucho tiempo con tus "amigos".

Gaziel y Fecor son las criaturas más capaces para hacerla sentir parte de este, ahora ante mis ojos, horrible lugar. Cuando nací, fueron los únicos que no me trataron con indiferencia, creo que nunca lo había apreciado realmente.

-Ya no resisto estar aquí...-comenté con voz rasposa pero sin tanta dificultad como antes.- Estoy seguro de que moriré aquí, ellos ganan.

Ella mantuvo un largo silencio, el cual yo rompí.

-No esperaba acabar así. Creí lograr algo más con mi miserable existencia. Siempre anhele algo más, pero nunca me atreví realmente. Supongo que hasta aquí llegué.

Sin embargo, no la hacía hablar.

Decidí callarme, resignado (algo muy fácil para mí en estos días) y cuando por fin hablo, su voz me sorprendió.

-¿Sabes por qué vine a verte?

Respondí con gesto de negación, sin estar seguro de que mi cabeza se moviera. Aun así, ella continuó.

-Gaziel y Fecor tienen una fe ciega hacia ti, algo que no les parecía posible. Ellos aseguran que todo cambio cuando llegaste, les diste fuerza aun para el par de gallinas que son, les diste voz y algo más allá de su conocimiento, les diste amistad.

Su voz sonaba casi con ira, pero más allá de eso, sonaba decepcionada.

-Ellos creen en ti, hicieron que yo creyera en ti, por eso te visité el primer día, por eso vine hoy. ¿Ahora dices que te rendirás?, ¿que ellos ganan? ¿Y qué hay de mí, Oliver? ¿Qué hay de ellos?

Decepcionada de mi claramente. Nunca me había puesto a pensar en el impacto que causaba en sus vidas. Nunca lo noté.

-Tal vez, me rinda también...

Vislumbre detrás de mis parpados la luz que ya no se encontraba en el suelo, al igual que ella Ishtar se había puesto de pie y se alejaba lentamente.

-Espera.-intente gritar, sin mucho logro. Ella se giró pero seguía en pie.- Necesito verlos. ¿Crees que puedan venir sin problemas?

-No pienso traerlos para que noten la decepción en la que te has convertido. Tienen mucha fe y a diferencia de ti, no quiero que la pierdan.

Pensé con mucho cuidado mis palabras, pensé en todas las veces que se arriesgaron por mí y viceversa, pensé en que Lisa y Nick fueron mis amigos, pero quienes me enseñaron ese valor primero fueron Gaziel y Fecor.

-Voy a escapar.-noté por su sombra que su postura se enderezó al oír mis palabras.- Es momento de luchar y dejar la decepción a un lado, no soy el único pellejo que está en juego.

-¡Ya era hora! Sabía que no te derrumbarías tan fácil...

Sonreí y, antes de que se marchara, finalmente, abrí los ojos.

Sonreí y, antes de que se marchara, finalmente, abrí los ojos

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