De regreso al santuario

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Shaka y Mu se tranquilizaron después del intenso episodio que acababan de vivir, Mu no podía culpar a Shaka por borrarle la memoria, él entendía los motivos de su amigo, que prefirió cortar todo de raíz y apartarse, aunque esa decisión le causara un profundo dolor.

Cuando Shion se enteró de que Shaka le borró la memoria a Mu, al principio se molestó por el atrevimiento del rubio, sin embargo, después de pensarlo bien lo considero lo mejor, pues así protegería a su alumno del semi Dios, quien había desarrollado demasiado poder como para seguir siendo compañero de entrenamiento de su terco discípulo. Shion, siendo tan sobre protector con Mu, ordenó al resto del santuario que no le dijeran al lemuriano ninguna palabra al respecto, alegando que solo le ocasionarían dolor y tristeza. Sin embargo, después de que Shaka borrara sus memorias no pasó mucho para que Mu se fuera de las 12 casas a Jamir y eso ayudó a Shaka a mitigar su tristeza y seguir con su vida. Se volvió nuevamente a su objetivo principal, la iluminación, el cual había dejado un poco de lado por pasar tiempo con Mu.

Pero cuando el ariano volvió al santuario, convertido ya en un hombre, mas preservando su bondad y alegría como aquel niño, Shaka no pudo evitar enamorarse de él. Sus sentimientos eran demasiado fuertes, habían trascendido el tiempo y la distancia. De niño obviamente él no lo comprendía, pero fue cuando Mu volvió que cayó en cuenta de que siempre había estado enamorado del tibetano, y que lo que había hecho, había sido en función de ese amor que le tenía.

Mu por su parte, a pesar de ser muy intuitivo e inteligente, del amor sabía mucho y poca cosa, amaba a Shaka, si, pero lo amaba como amaba a todo y todos. El lemuriano amaba a Kiki, a su difunto maestro, a todas las criaturas, a sus compañeros de armas...amaba la vida, amaba la profundidad y misterio de la muerte, pero el amor romántico hoy en día no lo sentía por nadie. Por lo tanto, lo que él veía en las acciones de Shaka no era eso, era simple y puro amor, y sus acciones para con él rubio tampoco las calificaría de románticas.

Ambos caballeros decidieron que lo más prudente era volver al campamento, ya se estaba haciendo tarde y ninguno de los dos había desayunado. Tuvieron que caminar de vuelta ya que Mu no tenia energía para tele transportarlos de regreso, de cualquier modo no estaban muy lejos y caminar les ayudaría a que se des hincharan sus ojos y recuperaran sus semblantes.

Cuando pudieron divisar el campamento, Mu extendió su brazo para impedirle el paso a Shaka (como acostumbra hacer con todo mundo)-Espera, ¿Qué vamos a decirles?

-No tenemos porque dar explicaciones-

-Sabes que nos preguntarán.

-Tu déjamelo a mí-le sonrió Shaka, mientras empujaba con delicadeza el brazo de Mu para abrirse camino, dejando atrás al lemuriano. Mu solo suspiró y se quedó un momento en donde estaba, permitiéndole a Shaka manejar la situación por su cuenta.

-¡Shaka!-gritó Aldebarán al verlo, más inmediatamente notó la ausencia de su amigo-¿Dónde está Mu?

-¡Alde! ¡Los gritos!-le replicó Milo, tocándose la cabeza con ambas manos, pues tenía una terrible resaca y todos los ruidos le molestaban.

Shaka los ignoró a ambos y comenzó a guardar la casa de campaña, los dos caballeros se voltearon a ver confundidos.

-¿Y a este que le picó?-dijo Aldebarán, rascándose la cabeza.

Aioria, quien también se encontraba ahí y sabía que se habían ido muy entrada la mañana, permaneció callado, pero también sentía mucha curiosidad por saber en qué había resultado la "escapada" de sus camaradas.

-Vamos Shaka, sabemos que se fueron juntos desde temprano, porque cuando despertamos ninguno de los dos estaba... ¿al fin le dijiste toda la verdad?-le preguntó Aldebarán.

De CampamentoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora