Sincerandonos

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El lemuriano dobló la carta muchas veces, asegurándose de seguir el consejo que indirectamente Shaka le había dado para que su alumno no fisgoneara, una vez que tuvo lista la carta la envió teletransportándola a la casa de virgo.

Kiki bajó entonces con el polvo de estrellas, Mu abrió el recipiente para asegurarse que tuvieran suficiente para reparar las 5 armaduras de bronce-A penas alcanzará-le dijo a su discípulo-por lo que no podemos cometer errores.

Kiki asintió con la cabeza y volteó hacia las armaduras para inspeccionarlas antes de que Mu se lo pidiese, pero este le puso una mano en el hombro y negó con la cabeza-Ya es tarde Kiki, lo mejor será que descansemos y mañana nos ocuparemos de ellas-el caballero de aries le sonrió a su pequeño lemuriano quien le devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza-Descansa Kiki-le dijo Mu para después dirigirse a su habitación.

En el santuario

Al resto de los caballeros dorados también los había alcanzado la noche. Milo había invitado a sus compañeros a su casa sugiriendo que se reunieran aun que sea una vez por semana, ninguno de los caballeros tuvo inconveniente y esta sería su primera reunión. Cuando estuvieron todos ahí, no pudieron evitar notar que faltaba el tibetano.

Milo volteó para con Shaka y le dijo- ¿Dónde dejaste a Mu?-Shaka arqueó una ceja y le contesto fríamente-¿Y yo por que tendría que saber en dónde está? En todo caso, Aldebarán cuya casa está a un lado de la de él podría responderte.

-¿A quién crees que engañas Shaka? ¿Acaso no recuerdas que pasaste por mi casa esta tarde?-le dijo Aioria entre sonriéndole-Ustedes han pasado tantas veces por mi templo desde que volvimos del campamento que ya casi parece que viven aquí-Shaka solo se cruzó de brazos, notablemente molesto por las burlas del león–Se fue a Jamir...-contestó de mala gana.

-¡¿Jamir!? ¿Por qué?-exclamó un más bien preocupado Aldebarán, temía que Mu al ver que las cosas estaban tranquilas se hubiera vuelto a exiliar del santuario.

-Nuestra Diosa le indicó que debía irse lo antes posible, pues las armaduras de los caballeros de bronce le aguardaban ahí para que las reparara-contestó el rubio, dándole un sorbo después al agua que Milo les había ofrecido a los que no querían tomar alcohol.

-Ya veo-contestó Aldebarán por lo bajo, para después quedarse pensativo un momento-5 armaduras...Es demasiado-la preocupación se podía ver en los ojos del tauro, Shaka se le quedo viendo fijo un momento, no le gustaba nada que el brasileño se preocupara tanto por el dueño de sus sentimientos. Sin embargo, sus palabras le causaron curiosidad, el en realidad no estaba familiarizado con el trabajo que Mu hacia para reparar las armaduras, pues esa faceta de su vida nunca le tocó presenciarla a él.

Los caballeros dorados dieron el tema por concluido con ese comentario y se dedicaron a platicar sobre lo que ocurrió en la batalla de las 12 casas, cómo los caballeros de bronce habían logrado despertar su 7mo sentido y lo honorables que les parecían. A pesar de la inferioridad de su rango se habían ganado el respeto de sus superiores los dorados.

Milo de pronto bajo la mirada, recordando su pelea con Hyoga y que finalmente este había terminado con la vida de quien fuera su maestro. Sin duda, el cisne había crecido mucho en esas batallas y el sacrificio de su querido Camus no había sido en vano, pues su aprendiz había logrado el cero absoluto y despertar su 7mo sentido, quien sabe, quizá algún día pudiera ser el sucesor del francés... por lo menos como caballero dorado; porque alguien que tuviera la gracia, elegancia y porte del antiguo caballero de Acuario nunca nacería en esta tierra, por lo menos es lo que Milo creía. A pesar de ser tan frío, el acuariano era sumamente noble, y el peli azul, quien se había ganado su confianza, tenía el privilegio de ser el único que conocía el cariño del francés. Era curioso como un ser que parecía disfrutar más del frío podía volverse tan cálido en la dirección correcta, Milo había logrado eso; lo que no había logrado era asimilar que ese cariño se había extinguido junto con la vida de quien se lo profesaba. Entonces, el escorpión comprendió que la memoria de Camus no debía traerle más tristeza, pues eso sería lo último que él hubiera querido, decidido, alzó la mirada y levantó su copa-¡Por todos nuestros compañeros y amigos, dorados, platas o bronces, quienes lucharon por sus ideales a costa de sus vidas!-El resto de los caballeros sonrió con nostalgia y levantaron también sus copas, chocándolas al centro para así honrar las memorias de aquellos que ya no podían acompañarlos.

De CampamentoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora