➼Asagisa;;

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Vamos, Nagisa, sal de ahí.Pidió amablemente. 

¡Imposible!, ¡Realmente es imposible!—dije desde el baño perteneciente a la sala del consejo estudiantil.—¿P-Por qué me haces esto, Asano-kun?—pregunté nervioso y sonrojado.

   Mis manos sostenían con fuerza mi falda, en un intento de bajarla lo más posible.

  —Tranquilo, sólo estamos tu y yo.—dijo. Nuevamente su mano tocó de forma suave la puerta, cosa que logró exaltarme.

—¡A-Asano-kun!—exclamé susurrando. Su insistencia me ponía aún más nervioso.

—Si no sales, entonces, tendré que ir a buscarte.—habló.

—¡B-Bien!—grité tomando la perilla de forma desesperada, girándola lo más rápido que pude.

   La puerta se hizo a un lado, y sujeté más fuerte el agarre en mi falda. Mi sangre se subió a mis mejillas, y me encontraba levemente temblando por la vergüenza.

   Sentí unas cálidas manos sujetar mis hombros por encima del uniforme femenino. Solté un respingo al notar la corta distancia entre nuestros cuerpos, y su rostro tan cerca de mi cuello. De algún modo me avergoncé aún más al notar como su figura se encorvaba para estar a mi altura.

—No tienes de qué avergonzarte.—mencionó. Su aliento chocó contra una parte de mi mejilla, mientras él descendía por mi cuello.—No es como si fuera nuestra primera vez.—susurró muy cerca de mi oído.

   Un estremecimiento me recorrió por completo, y él pareció notarlo, ya que tomó mis manos, sujetándolas con gentileza, a la vez que dejaba un dulce y casto beso en la comisura de mis labios. 

 —N-no creo que sea buena idea hacerlo aquí...—dije entre suspiros; Gakushuu se encontraba repartiendo húmedos besos por toda la piel de mi cuello, hasta mi clavícula. 

   Sin embargo, sentí un gran ardor cuando clavó sus dientes en mí, y comenzó a succionar. Dejó una gran marca rojiza en mi blanca piel, y se podría ver a kilómetros.

   Lo miré desaprobando sus actos. Negué con mi cabeza, e intenté apartarlo suavemente, pero sus firmes manos me lo impidieron.

 —Cariño, ya hablamos sobre esto.—dije haciendo un puchero.

   Sus brazos rodearon mi cintura, y me atrajo aún más hasta él. Me abrazó fuertemente, tanto así que podía oler su perfume, el cual quedaba impregnado sobre mi ropa, cosa que lograba volverme loco. Inhalé, relajándome por completo, y pude sentir sus manos recorrer mi parte baja por debajo de la falda.

—¡Sh-Shū-kun!—fruncí el ceño.—Nos pueden descubrir...—murmuré cerca de su oído.

—Tranquilo, confía en mí, ¿sí? 

—Sabes que siempre lo hago.—sonreí, cosa que él correspondió de igual forma.—Pero deberías esperar a llegar a mi cas-...

   Mis palabras fueron reemplazadas por sus suaves y cálidos labios, los cuales encajaban perfectamente con los míos. Habíamos iniciado un casto y hermoso ósculo, mientras que sus manos recorrían mi cuerpo a su gusto, delineando mis curvas, mientras que yo sólo atiné a sujetarlo por detrás de su cuello, jugando con algunos mechones anaranjados de su cabello que tanto amaba.

   Me pregunto cómo hace para volverme tan loco.

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