THE WORLD IS DEAD: INFIERNO
CAPÍTULO 3: "RESCATE"
Narra Amaya
Cuando llegué a Barrio Norte, estacioné la camioneta junto a la armería del Loco Bob. El lugar se veía extrañamente desierto. Demasiado desierto, y en un mundo como este, el silencio ya no era sinónimo de calma, sino de peligro. Los infectados aparecían cuando menos uno lo esperaba, como sombras atraídas por el miedo, el ruido o la mala suerte.
Antes de bajar de la camioneta vislumbre los vidrios de la armería rotos, pero con la reja de protección intacta, como si hubiese fallidamente saquearlo de antes. Tomé la pistola del tablero y comprobé el cargador, dejé caer las balas del cartucho utilizado a medias... Brian, el último disparo sigue rechinando en mis oídos.
Necesito estar lista por si algo sale mal. Cerré la puerta con suavidad y avancé con cautela hacia la entrada. No vi ni un solo infectado en la calle, lo que me permitió llegar rápido, aunque sin bajar la guardia. Compruebo la puerta de la armería, estaba cerrada con una reja gruesa y un candado enorme que colgaba al centro como una advertencia.
No tenía tiempo para sutilezas, miré a mi entorno y apunté. Disparé.
El estampido retumbó por toda la calle, rebotando entre las paredes vacías del barrio como si hubiera despertado algo que llevaba dormido demasiado tiempo.
El candado reventó. Empujé la reja y entré.
Por un instante, el lugar me pareció un santuario. El paraíso de las armas.
Las vitrinas seguían intactas, repletas de pistolas, revólveres, cuchillos de combate, cajas de municiones y accesorios de todo tipo. A otro tiempo, tal vez me habría detenido a observarlo todo con calma, incluso con fascinación. Pero ya no existía el lujo de admirar nada. En ese mundo, cada segundo podía significar vida o muerte.
Me fui directo a lo más útil. Agarré un gran bolso negro y tomé varias escopetas, que era lo que más abundaba, y también una ballesta que colgaba al fondo de una vitrina. La idea de usar una me resultaba ajena, pero algo me decía que, tarde o temprano, tendría que aprender. Salí de golpe al exterior y cargando el bolso en el montacargas trasero de la camioneta con todo lo que pude: armas largas, cajas de balas, cuchillos, botiquines viejos, cualquier cosa que pudiera servir.
Cuando entré por segunda vez, llené mis bolsillos traseros de municiones y encontré un cinturón táctico con espacio para dos pistolas y un cuchillo. Me lo ajusté a la cintura sin pensarlo. Por fin sentía que tenía algo más que miedo encima.
Seguí revisando el lugar hasta que encontré una caja metálica. La abrí. Granadas.
Me quedé inmóvil unos segundos, sabía perfectamente que aquello no debía estar ahí. Eran armas de guerra, armamento prohibido para cualquiera que no fuera militar. Pero en ese momento ya no existían las leyes, ni los protocolos, ni el mundo que las sostenía... el mundo que era antes ya no existe, solo existía sobrevivir.
Tomé la caja completa, y justo entonces, la alarma de la camioneta comenzó a sonar.
Giré de golpe hacia la entrada.
Un infectado había chocado contra el vehículo.
—Perfecto... —murmuré entre dientes.
No había nadie que fuera a detenerme, ni a multarme, ni a preguntarme qué demonios hacía saqueando una armería. Seguramente la policía estaba demasiado ocupada intentando salvar su propio pellejo... o ya formaba parte de los monstruos que caminaban por las calles.
Salí corriendo con la caja en brazos.
Apenas crucé la puerta, vi que más infectados comenzaban a acercarse. Primero unos pocos. Luego más. Después decenas. El sonido de la alarma los estaba llamando como si fuera una campana de cena, como si el estruendo del disparo no hubiese sido suficiente.
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THE WORLD IS DEAD: SAGA (EN REMASTERIZACIÓN)
Fiksi Penggemarex THE WALKING DEAD: SAGA Nadie sabe exactamente cuándo comenzó el fin del mundo. Algunos hablaron de virus. Otros de castigos, conspiraciones o experimentos que se salieron de control. Pero cuando los muertos comenzaron a levantarse, las explicacio...
