Parte 3 - Período de adaptación

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Son muchas las novedades a las que debo enfrentarme y eso conlleva un tiempo de aclimatación: cambio de ciudad y de Estado, cambio de residencia, cambio de compañías, cambio de rutinas y horarios... Y, aunque haya venido preparada psicológicamente para ello, debo reconocer que el comienzo se está haciendo más arduo de lo pensado. Sobre todo si la mayor dificultad la tengo en el mismo dormitorio.

Mamá me aconsejó que, entre tanto cambio, lo ideal sería poder conservar alguna de mis costumbres para no sentirme completamente desplazada de mi vida. Y eso hago nada más desempaquetar y ordenar mi trozo de habitación: vestirme con mis mallas decoloradas y mi sudadera deportiva, y salir a correr por los alrededores del campus universitario. Tiene un buen y bonito paseo empedrado que conduce hasta el campo de fútbol y pistas de atletismo del centro educativo.

¡GO WOLVERINES!

No hay mucha gente por la zona: algunos chicos practican lanzamientos y placajes en el centro del campo; otros corren por las pistas, al igual que yo; y los menos, se reparten por el graderío mientras charlan, beben o fuman.

Yo me concentro en mantener el ritmo y la respiración para conseguir dar, al menos, una vuelta a las pistas y regresar a la residencia. Una vez desfogue la adrenalina que sigue recorriendo por mis venas, podré relajarme y tomar con más calma todo, especialmente la forma de ser de mi compañera.

El sonido que producen mis zapatillas sobre el corcho tratado, se duplica, y miro por encima del hombro para comprobar que hay otro corredor detrás de mí, cada vez más cerca. No me causaría ningún problema... de no ser porque es el chico que ha vapuleado mi guitarra hace unas horas.

¡No me lo puedo creer!

Finjo no haberle reconocido y continúo con mi carrera, deseando que el tipo pase de largo sin reconocerme o fingiéndolo él también. Pero los minutos transcurren y sigue detrás, como si me estuviera acechando, lo que hace que reduzca el ritmo para forzarle a adelantarme.

Ni con esas. Le escucho cada vez más cerca, pero siempre detrás, y me incomoda pensar que pueda estar disfrutando con mi culo en movimiento.

Sin pensarlo, me detengo de golpe y doy la vuelta para plantarle cara. El problema es que está demasiado cerca como para poder esquivarme y se estrella contra mí, igual que un tren sin frenos, y salgo despedida hacia el suelo, con él encima. Un placaje tan perfecto como el que practican los chicos del campo de fútbol. Suerte de que el suelo no sea de piedra y suerte de que lleve el cabello recogido en un moño y ejerza el papel de almohada improvisada.

-¡¿Es que no miras por dónde vas?! -le recrimino, algo dolorida.

-¿Solo sabes decir eso?

-¿Solo sabes ser tan patoso? ¡Quítate de encima!

Le empujo por los hombros, haciéndolo a un lado, y me levanto rauda para sacudir mi ropa.

-¿Qué hacías siguiéndome?

El chico, que sigue sentado en la pista, sonríe de diversión.

-¿Siguiéndote? Creo que eres un poco egocéntrica. Ni siquiera sabía que eras tú, solo iba detrás porque me cortabas el aire.

-¿Qué aire? -pregunto perpleja-. ¡No hace aire!

El joven se pone en pie, limpia la trasera de su pantaloneta morada y se acerca. No es que me intimide, pero sí que retrocedo al no saber de sus intenciones.

-Solo estoy entrenando. Eso es todo.

-Muy bien, pues sigue entrenando -le digo, indicándole el camino con la mano.

Su boca se abre con la intención de soltar la última palabra, pero parece pensárselo mejor y termina sonriendo. Entonces, da media vuelta y retoma su carrera, esta vez sin "corta aires".

De regreso en la residencia, encuentro a mi compañera de habitación tumbada en la cama con una crema rosada cubriendo su rostro y dos rodajas de pepino en los ojos. Es chocante, aunque agradezco que pase, casi, inadvertida.

Del armario cojo una toalla, ropa de recambio y mis productos de higiene personal, para bajar a las duchas. Es en ese momento cuando la bella durmiente parece despertar:

-Ugh, ¿qué es ese olor?

-Se llama sudor, princesa, y es lo que sucede cuando haces deporte -le digo con tono sarcástico.

-Hueles a camionero borracho.

-Sabrás tú a qué huele un camionero borracho.

Salgo de la habitación y la dejo tumbada en la cama, esparciendo un spray por delante de su cara sin control.

La residencia es mixta, pero las duchas evidentemente no. De hecho, se encuentran lo más apartadas posibles las femeninas de las masculinas. Y, para qué obviarlo, me quedo mucho más tranquila.

Bajo el agua tibia me enjabono el cuerpo y la cabeza, y pienso en las ganas que tengo de comenzar el curso dentro de dos días. Solo un fin de semana me separa de una vida entre clases, temarios y exámenes, y debo reconocer, aunque este pensamiento me tache de empollona, que estoy deseando sumergirme en ella. El problema viene cuando esos pensamientos lectivos desaparecen poco a poco, dejando vía libre al chico patoso que se ha cruzado en mi camino dos veces en un día. Recuerdo el peso de su cuerpo sobre el mío y un escalofrío me sacude entera; su altura, que me sacaba una cabeza; la humedad que brillaba en su frente y mojaba su pelo corto carbón; los bien formados brazos que dejaban a la vista su camiseta de tirantes; sus ojos almendrados o esos labios resecos por el esfuerzo físico...

Corto el agua y sacudo la cabeza, intentando sacarlo de ahí.

-Solo es otro chico guapo, nada más -me digo.

Pero sigo viéndole mientras me seco y me visto. Incluso, cuando salgo del vestuario y me dirijo a mi habitación, creo verlo en una de las salas comunes de la residencia.

¡Un momento!

Retrocedo los pasos que he dado y vuelvo a mirar, esta vez con más atención, a través de la fina abertura que deja la puerta abierta. No hay duda. Es él. Está charlando y riendo con un grupo de chicos, y viste exactamente igual que cuando le vi en la pista.

¿Ni siquiera se ha duchado?

Su rostro gira en mi dirección y, apartándome para que no me vea, salgo corriendo hacia mi cuarto.

Que él esté aquí no significa que viva aquí. Aunque con la suerte que tengo... Lo que sí está claro es que este período de adaptación cada vez se va complicando más.


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BITTER BOY (Chico amargado)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora