Parte 5 - De Zeta a Beta

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Regreso a mi habitación de la residencia Dexter como si lo hiciera a mi remanso de paz particular y privado, donde poder relajarme. Y, realmente sería así, de no ser por mi compañera, alias Miss Disney, a la que encuentro sentada frente a un tocador de maquillaje, que no sé de dónde ha sacado, en mitad de la estancia y ocupando, de nuevo, la mitad asignada para mí.
Pienso en las palabras de mamá, en que prometí que le daría una nueva oportunidad, pero es de las personas que tienen el don de desquiciar a otras con cualquier gesto o palabra.

-Estás ocupando mi parte de habitación, otra vez -le digo, posicionándome detrás de ella e intentando no perder el control, que bastante malhumorada vengo ya.

-Y, ¿dónde pretendes que coloque mi set de maquillaje?

-¿En el pasillo?

La rubia oxigenada me mira a través del reflejo del espejo, afilando sus diminutos ojos en un vago intento de intimidación.

-No pienso sacarlo de la habitación.

-Oh, sí que lo harás.

-¡¿Por qué eres tan insoportable?! -exclama, levantándose del pequeño asiento tapizado en color rosa-. Si fueses una chica normal, podríamos compartirlo.

¿Insoportable? ¿Si fuese normal?

-Créeme, princesa. De las dos, yo soy la chica normal.

Mi odiosa compañera de habitación analiza mi aspecto y sonríe con altivez y superioridad.

-Sin comentarios -espeta jocosa-. El tocador se queda o sino, siempre podemos hablar con Loreen.

-Y, esa, ¿quién es? ¿Tu mami?

-La decana.

Enmudecida porque conozca el nombre de pila de la decana y rango supremo de la universidad, dejando entrever algún tipo de relación con ella, decido dar por finalizada esta inútil batalla y voy a mi cama.

-Lo que yo pensaba -murmura Miss Disney, por detrás.

¡Esto no va a quedar así! Como que me llamo Jhena Holloway.

Paso el rato leyendo la nueva novela de papá que todavía no ha salido a la venta, mientras que la princesa, que ahora se cree reina de la habitación, se pasea por esta hinchada de orgullo y luciendo diferentes vestidos para mirarse en el espejo. Si uno le gusta, el siguiente más, y la pobre sufre por no saber cuál elegir. Da dolor de cabeza.

-Tú no puedes entenderlo -comenta como si me interesara algo de lo que ella hace o le hubiese preguntado-. Es la fiesta de bienvenida en una fraternidad prestigiosa de la universidad. Dicen que las afortunadas en entrar tienen un gran futuro asegurado y...

-No te esfuerces -la interrumpo-. Todo lo que sale de tu boca me interesa una mierda.

-Que grosera.

Y de esta forma tan escatológica, puede que haya encontrado mi arma secreta contra ella; la pócima que derrite a la bruja, al igual que en la novela de papá: ignorarla. Su necesidad de llamar la atención será lo que la destruya y me aseguraré de estar en primera fila para presenciarlo.

Dejando a un lado por esta noche a la hechicera Chassidy y sus aventuras, decido coger la guitarra y el cuaderno privado de canciones escritas por mí y Ashley. Siempre me emociona y forma un nudo en la garganta ver su letra. Tenía tanto talento.

Rasco los primeros acordes de su primera composición y cierro los ojos, imaginando que está frente a mí, deleitándome con su arte.

-Lágrimas secas, inacabadas, trozos de alma que no se ven -canto de memoria-. Quiero mojar la almohada, porque solo así sabrán cuánto sufro. No soy de hielo, ni tengo una roca por corazón...

BITTER BOY (Chico amargado)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora