- Isabelle no deberías estar por ahí tan tarde, los buenos tiempos se han ido - hablaba Thomas detrás de ella, aquel chico pelirrojo que también trabajaba en el periódico.
- Oh, me asustaste - decía sonriendo - creo que sé más que nadie que los buenos tiempos nos dijeron adiós, pero no conseguí casi nada que comprar de comida - decía mirando la cesta vacía que llevaba en las manos.
- Estamos en guerra y todo es un caos, no será un buen año.
Las personas aglomeradas casi corrían por las calles de París, últimamente no había tiempo para estar calmados o apreciar la belleza de sus calles, se sentían como ratas que salen en busca de alimento y asustadas vuelven cuanto antes a su nido.
- Te acompañaré a tu casa - suspiraba mientras sonreía.
- No hace falta, en serio. Ve, continua tu camino.
- Insisto no dejaré que una chica linda éste sola por ahí a estas horas.
- No es tan tarde, es solo que las cosas han cambiado - decía mientras miraba a su alrededor todo ese caos, había estado tan preocupada por la muerte de papá Georges por Hugo y su indiferencia que pese a trabajar en un periódico no se había dado cuenta de la gran gravedad en la que se encontraban.
- Además quería aprovechar para hablarte sobre algo - carraspeaba un poco y ya no la miraba, era como si tratara de buscar las palabras. Isabelle solo lo miraba atenta.
- ¿Sobre qué? - termino diciendo, había tenido ganas de darle una palmada en la espalda para ver si hacía escupía las palabras y es que no le gustaba los silencios incómodos.
- Me voy como corresponsal a Polonia - terminó diciendo de forma rápida. Isabella de inmediato palideció y es que Thomas se había convertido en un buen amigo, lo conocía de toda la vida y ahora aquello que le decía era como una despedida.
- ¡¿Qué?! ¿por qué? - preguntaba deteniendo el paso.
- Es mi deber, siempre quise ser periodista y llevar las noticias a todas partes. Necesitan corresponsales y creo que es mi oportunidad - a Isabelle le parecía muy extraño que él hablara con esa chispa de luz en sus ojos, él parecía feliz ¿acaso no sabía que podía morir?
- Pero, pero... es peligroso.
- Lo sé, me iré mañana.
- ¡Tan pronto!
- Sí, y creo que fue una señal haberte encontrado a estas horas caminando por ahí. Veras no podía irme sin decirte lo mucho que me gustaste siempre - aquello la había tomado desprevenida, él tomó su mano y ella simplemente no sabía que hacer - en realidad creo que no hay chico que te conozca y sea capaz de no enamorarse de ti.
- Yo... la ver..dad... no... - tartamudeaba y es que ¿qué podía decirle a ese amigo que se estaba despidiendo y que de seguro más nunca volvería a ver?
- Entiendo que no supieras de mis sentimientos, también sé que entre Hugo y tú hay algo, pero no quería irme sin decirte que para mí eres la mujer más perfecta que pude haber conocido.
- Entre Hugo y yo no hay nada - dijo casi gritando.
- ¿No? Siempre creí que sí. ¿Crees que si te hubiera confesado antes mis sentimientos habría podido existir algo entre ambos?
- NO - fue algo que dijo inconscientemente e incluso en el mismo instante que lo dijo tapó su boca - disculpa Thomas, lo que quiero decir es que...
- Entiendo - miraba al suelo decepcionado, algo que le partió el corazón a Isabelle.
- Thomas eres un gran amigo, una excelente persona, un increíble periodista y por eso te he odiado un poquito - ambos rieron - y es que sé que mis reportajes nunca son tan interesantes como los tuyos, siempre te querré mucho, pero hay alguien que ya ocupa mi.... - no pudo terminar de hablar porque alguien la jaló de la mano fuertemente.
- Isabelle por fin te encuentro, vamos a casa - Hugo que había salido hace rato a buscarla agitado le hablaba - es muy tarde cómo se te ocurre estar a estas horas por ahí - continuaba jalándola.
- Ya va, suéltame - gritaba, mientras reclamaba su mano de vuelta. Thomas ya se había quedado unos metros atrás, incluso se había dado la vuelta y continuaba su camino.
- ¿Qué ocurre?
- Luego te digo.
Sin más corrió hacia Thomas, logró alcanzarlo y se lanzó a abrazarlo, él se sorprendió y mucho.
- No podía dejar irte sin despedirme de la forma correcta - le dijo al oído - adiós y que te vaya bien Thomas, que Dios te proteja, sé qué harás un excelente trabajo.
- Gracias diccionario de rizos de oro. Y sabes algo - se acercaba más a ella como para hablarle de forma confidente - en estos tiempos es mejor no perder el tiempo, si quieres a alguien díselo, si quieres bailar, cantar o correr desnuda hazlo. Si tienes la felicidad tan cerca - miró de reojo a Hugo - entonces por qué no la tomas. Adiós y ya sabes sigue haciendo tus reportajes que con ellos alegras el corazón de alguien.
Gritó ya a la distancia. Isabelle se le quedó observando por un instante mientras se perdía de su vista. Hugo se acercó a ella para saber que pasaba, no le había gustado ver la forma como abrazaba a Thomas, sin embargo notó sus ojos llorosos.
- ¿Qué ha pasado? - dijo en un tono suave acariciando los dorados cabellos de Isabelle.
- Es solo que un amigo se ha ido - limpió sus ojos - las despedidas apestan.
Le dio la espalda y caminaron un gran trecho sin decirse palabra. Cada quien con su propia guerra mental. Hugo no dejaba de pensar en que si Isabelle estaba tan triste por Thomas quizás y sentía algo por él "pero qué esperas - pensaba - ella es más que perfecta no pasará mucho tiempo antes de que alguien más la corteje. Por qué tan solo no le dices lo que sientes, ¿y sí ella no me quiere de esa forma y lo único que logro es dañar nuestra amistad?"
- Hugo - el llamado de Isabelle lo hizo salir de sus pensamientos - mañana hagamos una celebración ¿te parece?
- ¿Celebrar qué?
- Que estamos vivos, no hay casi nada que comer, Alemania ya comenzó a conquistar Francia, no sabemos que nos llegue a pasar y quiero poder recordar otra noche linda en la que como familia compartimos ¿me apoyas?
- Claro que sí, es una excelente idea - estaba recostado a la entrada de lo que fuera el edificio donde vivían, Isabelle ya estaba abriendo la puerta y aquella imagen le hizo recordar momentos que lo hicieron sonreír.
- ¿Qué es tan gracioso?
- Nada, solo recordaba que la primera vez que te vi, yo estaba parado justo aquí y tu muy desconfiada no querías salir, me llamaste ladrón y...
- Reprobado - ella también comenzó a reír - quiero volver a ese tiempo Hugo - decía con nostalgia.
- Yo no, era un huérfano que vivía muy solo detrás de esos muros, con nada más que tuercas y un muñeco de cuerda de compañía, además no había tenido la dicha de conocerte - reía y cada vez que lo hacía Isabelle recordaba a ese niño que la había enamorado, aun lo amaba, veía sus labios rosas, sus ojos celestes, sus pecas y su cabello que cubría parte de su frente, todo de él le encantaba.
- ¿Me quieres? - aquella pregunta lo descolocó por un momento, sin embargo su cuerpo se movió solo hasta que quedó a centímetros de ella.
- Te quiero más de lo que piensas - Isabelle podía sentir su respiración, no dejaba de pasar su mirada de sus ojos a su boca - te quiero tanto que duele.
Ya el corazón había dominado la razón, por lo que Hugo no pensaba en si estaba mal besar a Isabelle, toda parte de su cuerpo le decía que debía besarla, lo había querido hacer hace tanto. Así que lentamente se acercó más a ella. Isabella sentía que el corazón se le saldría de lugar, tan solo quería jalarlo y acabar con su agonía. Ya ambos cerraban sus ojos para dejar que sus sentimientos actuaran por ellos, pero los gritos simultáneos de los vecinos hicieron que se sobresaltaran, fue tanto el susto de ambos que al reaccionar chocaron fuertemente y por accidente sus cabezas, comenzaron a sobarse preguntándose que había podido ocurrir para causar tanta conmoción.
