TWID1: CAPÍTULO 4 - PARTIDA parte 2

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THE WORLD IS DEAD: INFIERNO

CAPÍTULO 4: "PARTIDA" - parte 2

Narra Amaya

Durante horas manejamos en medio de un paisaje que parecía haberse vaciado de humanidad. La carretera se extendía oscura, silenciosa, bordeada de campos y cerros donde el viento movía los árboles como si nada hubiera cambiado, pero todo había cambiado. El mundo entero parecía contener una amenaza escondida detrás de cada curva.

Después de un largo rato, vi que Michael estacionaba su camioneta en la berma izquierda.

Yo hice lo mismo, deteniéndome unos metros detrás de él.

Apenas bajó del vehículo, dijo con tono serio:

—En menos de media hora va a oscurecer. Tenemos que acampar por aquí.

Miré el cielo, tenía razón.

La luz del atardecer ya se estaba apagando y el horizonte comenzaba a hundirse en sombras, pero la idea de detenernos me revolvió el estómago. La familia de Brian seguía allá afuera, esperándome sin saberlo. En peligro.

Bajé de la camioneta y le pregunté:

—¿Cuánto falta para salir de San Fernando?

Michael observó la carretera antes de responder.

—Unas cuatro horas más. Y en treinta minutos no vamos a ver nada. Las carreteras ya no tienen iluminación. Seguir ahora sería jugar a matarnos.

Apreté la mandíbula. Dentro de mí seguía ardiendo la urgencia por continuar, pero sabía que tenía razón. En la oscuridad, una horda podía surgir de la nada, o podríamos chocar, quedar atrapados, morir sin siquiera tener oportunidad de defendernos.

—Entonces... ¿nos quedamos aquí? —pregunté.

—Sí —dijo con firmeza—. Dormiremos dentro de las camionetas. Si uno de esos se acerca, no podrá atravesar los vidrios por sí solo.

—¿Y si son muchos?

Michael me sostuvo la mirada.

—Entonces arrancamos y nos largamos.

No me gustaba depender de otro para tomar decisiones, pero hasta ese momento él había demostrado tener la cabeza más fría que todos nosotros.

Y la verdad era simple: necesitábamos eso.

Nos acomodamos en la orilla de la carretera, una camioneta detrás de la otra.

Cuando cayó la noche, me quedé en la cabina con Maddie y Matt. La oscuridad afuera parecía infinita. Solo la luna y algunas estrellas rompían la negrura del campo. Dentro del vehículo, en cambio, el ambiente era extrañamente íntimo, como si ese pequeño espacio se hubiera convertido en un refugio temporal contra el fin del mundo.

Maddie resultó ser una mujer entrañable. A pesar del dolor, hablaba con dulzura, cuidando a su hijo incluso mientras ella misma se caía a pedazos por dentro. Me contó que su marido, John, había salido a trabajar cerca de las ocho de la mañana, antes de que todo se desatara. La última vez que hablaron, él le dijo que estaba atrapado en uno de los edificios de la ciudad.

La escuché en silencio, luego le respondí:

—Usted debería admirarse a sí misma. Mírese... sigue aquí. Sigue luchando por sus hijos. Estoy segura de que, si su esposo pudiera verla ahora, estaría orgulloso de usted.

Maddie abrazó un poco más a Matt. Después me miró con una mezcla de esperanza y miedo.

—Tú estuviste en la ciudad, ¿verdad?

THE WORLD IS DEAD: SAGA (EN REMASTERIZACIÓN)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora