THE WALKING DEAD: INFIERNO
CAPÍTULO 7: "CENTRO MÉDICO" - parte 1
Narra Amaya
Junto a Joseph caminamos lejos de la cabaña con el peso del silencio del bosque pegado en nuestros oídos. No era un silencio tranquilo... era uno denso, cargado, como si el bosque mismo estuviera conteniendo la respiración, esperando algo. Confirme por décima vez el arco en mi espalda mientras caminábamos, sintiendo aún el frío del mañana mezclado con ese olor permanente a humedad y muerte. Joseph avanzaba a mi lado, cargando los bolsos con una facilidad que me molestaba más de lo que debía, ¿se hacía el fuerte por impresionarme?, ¿o realmente es así?
—Tenemos que encontrar un coche —dije desviando la mirada rompiendo el silencio—. No vamos a llegar a pie.
Joseph soltó una leve risa, como si todavía quedara algo de mundo normal dentro de él.
—La última vez que salí, vi un camión de transporte a unos kilómetros. Si no lo han tomado... sigue ahí.
No respondí. Solo asentí y seguí avanzando, y avanzando... evitando por completo la carretera y caminando junto a ella.
Joseph abrió con su pie la puerta de una cabaña de un golpe seco y, sin pensarlo, tensé el arco detrás del, y solté. La flecha salió silbando y se incrustó en la cabeza de un infectado que vagaba dentro. El cuerpo cayó sin resistencia, como un saco vacío. Entre primero al interior corroborando el área.
—Oye, colega —dijo Joseph detrás de mí, acercándose y sujetando mi arco—. No gastes tantas flechas, mucho menos energía. Son lentos... solo dispara cuando los tengas encima.
Giré apenas el rostro frunciendo el ceño.
—¿Tengo que esperar a que me muerdan para reaccionar?
—Indirectamente... sí.
Me aparté bruscamente, apunté una segunda flecha a un florero a unos cinco metros de distancia a mí, esta vez sin necesidad real. Solo por demostrar que no necesitaba que me dijera qué hacer. El florero como era de esperar, se hizo trizas.
—Ningún hombre me va a decir cómo sobrevivir —murmuré—. No te hagas el lindo... tus trucos no funcionan conmigo.
Seguí caminando. Él soltando una leve carcajada de sorpresa, me siguió en silencio. En la cabaña no había absolutamente nada, por lo que no duramos mucho en el sitio.
El trayecto fue largo. El bosque parecía repetirse, como si estuviéramos atrapados en el mismo lugar una y otra vez. Cada rama que crujía bajo nuestros pies sonaba demasiado fuerte. Cada sombra parecía moverse un segundo más tarde de lo normal. Y aun así... avanzamos.
Hasta que lo vimos a distancia en un aparcadero junto a una plaza de peaje. El camión. Estaba ahí, inclinado levemente hacia un costado, como si alguien lo hubiese abandonado con prisa. El lugar parecía... limpio. Demasiado limpio. El bosque había dado una pausa para dar paso a una gran pradera húmeda.
—Hemos llegado —dijo Joseph—. Solo hay que apurarse antes de que los podridos lleguen.
Nos dirigimos hacia la plaza de peaje, vació todo. Las barreras estaban rotas repartidas en donde alguna vez estuvieron, como si la gente en un acto de rebeldía o desesperación pasó a gran velocidad. Llegamos mirando todo el entorno hacia el camión de carga, Joseph se asomó al lado del conductor y abrió la puerta. Yo no lo seguí.
Había algo más. A distancia, había una casa frente a nosotros. No sé por qué... pero no pude ignorarla.
Miré a Joseph detrás de mí, estaba bastante concentrado, metido bajo el volante intentando artesanalmente hacer funcionar el camón y retomando la mirada a la casa que estaba en una eterna pradera.
Tomé firmemente mi arco y avancé hacia la casa. Subí unas cuatro escaleras hacia el Porsche y la puerta se abrió con un leve empujón... y el olor me golpeó como una pared en mi nariz. Putrefacción. Encierro. Muerte acumulada en el aire, cientos de moscas alzaron el vuelo para salir. Cubrí mi boca con el brazo y di un paso adentro, luego otro y entonces los vi.
La familia. Dos niños. Pequeños.
Abrazados en el suelo entre ellos, como si en el último segundo hubieran intentado protegerse mutuamente. Sus cienes... abiertas. Limpias. Sin lucha.
Los padres estaban detrás, también abrazándolos en su regazo. También muertos.
No había desorden, no había caos. Solo una evidente decisión.
Silencio. Y el eco de algo que nunca debió pasar.
Sentí que las piernas me fallaban. Mis ojos ardían, pero no podía apartar la vista. La mano del padre estaba extendida... sosteniendo un papel.
Me acerqué.
Lo tomé.
Lo abrí.
—"El infierno sí existe... y esta entre nosotros. En un lugar donde las personas se comen entre ellas... no hay posibilidad."
No supe en qué momento comenzaron a caer las lágrimas.
No fue inmediato.
Fue lento.
Como si algo dentro de mí se estuviera rompiendo en silencio. Miré precisamente a ambos niños... el futuro de este planeta... ya no había futuro en ellos.
Me quede perpleja, sollozando como una beba... Entonces sentí la mano. Joseph.
Me cubrió la boca y me sacó de ahí sin decir nada. No me resistí. No podía. Afuera, el aire frío me golpeó el rostro, pero no fue suficiente para sacarme esa imagen de la cabeza. Me fundí en el pecho de Joseph llorando quebrada... el solo abrazaba y acariciaba mi nuca sin soltarme.
—No debiste ver eso... —murmuró.
Me aferré a él sin pensar.
ESTÁS LEYENDO
THE WORLD IS DEAD: SAGA (EN REMASTERIZACIÓN)
Fanficex THE WALKING DEAD: SAGA Nadie sabe exactamente cuándo comenzó el fin del mundo. Algunos hablaron de virus. Otros de castigos, conspiraciones o experimentos que se salieron de control. Pero cuando los muertos comenzaron a levantarse, las explicacio...
