A las afueras del bar se encontraba él, con su bajo y con su sonrisa arrogante y tan característica de su persona como si me hubiera estado esperando todo este tiempo para estar a mi lado por el resto de nuestros días.
❤❤❤
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Pete Wentz.
Ese es el nombre del desaliñado chico que robó mi corazón y que también, se encuentra en frente mío.
Nos hemos mudado con el dinero que empezamos a obtener gracias a la disquera que nos contrató en una de esas tantas muestras en los bares. Ahora vivimos juntos después de 3 años después de todo lo sucedido.
La habitación en la que nos encontramos es sumamente pequeña y solamente es iluminada por la luz natural que desprende el ventanal de nuestra derecha. Desprendo la mirada de mi guitarra que llevo minutos afinando y lo observo. Está con el ceño fruncido centrado en su bajo, haciendo un último intento inútil de afinarlo antes de caer rendido y dejarlo a un costado suyo, reposando en un mueble. Se da cuenta que lo espío y sonríe negando con la cabeza.
—Creo que no sirvo para estas cosas.—Hace una mueca.
—Que no sepas afinar es algo básico, pero de igual forma eso no tiene que ver con que sepas lo demás.—contesto tratando de darle ánimos.
Su sonrisa se ensancha y su visión me escanea, me arreglo un poco el cabello con una de mis manos mientras que con la otra sujeto la guitarra.
—Eres adorable.
Se levanta y viene hacia mi, se arrodilla hasta llegar a mi altura y acuna mi rostro entre sus manos, sus ojos brillando debido al ángulo que me obsequia con un cariño especial cargando en ellos.
—En realidad, no me puedo concentrar en lo que hago si no estás tú. Siento...—Mis mejillas comienzan a arder por lo que voy a decir—que no tiene sentido seguir con esto, mis manos tiemblan al solo pensar de no poder vivir sin ti.
Me acerco a un poco más, sus labios a centímetros de los míos, su respiración chocando débil contra mi cara. Hablo, haciendo que nuestras respiraciones se mezclen en una sola.
—Quizás por eso el destino me puso en tu camino, porque me necesitas y yo te necesito a ti. Porque nacimos para ser sinfonías—Corrí la guitarra a un lado, colé mis brazos por detrás de su espalda, buscando calor—. Sinfonías que formulan nuestros cuerpos cuando nace un simple contacto, vibrando con solo inocente roce de manos, sinfonías jugando en un centelleante baile de armonías privado solamente para los dos, armonías, armonías para dos.
Lo besé con anhelo, cruzando nuestras piernas de paso, nuestras manos conociendo el cuerpo del otro y las respiraciones agitadas, dando a entender que lo quiero a él tanto como él me ama a mi.