Su mirada no se alejaba de su espalda, verlo -comúnmente- le causaba escalofríos, verlo enfurecido por quien sabe que le daba horror.
Pensar que hace tres meses lo único que le producía su presencia era tranquilidad.
"¿Que te sucede?" dijo la muchacha asustada. Sus ojos estaban clavadas en el, caminaba sin parar recorriendo toda la habitación, con sus manos jalando su cabellera rubia, frustrado.
"¡Tu me sucedes!" Grito. Se quedó plasmada ante su reacción, de un segundo a otro lo tenía enfrente a ella. "¡Eres una maldita zorra! Siempre lo supe" Los jarrones se estrellaron contra el suelo luego de que ella fuera empujada. Al levantar su mirada y conectarse con la de él pudo identificar arrepentimiento pero ese se esfumó una vez que vio como se alejaba entrando a la cocina.
Tenía que detenerlo, esto no iba a terminar bien. Lo sabía. Su espalda la estaba matando. Trato de levantarse pero al apoyar las manos en la mesa donde fue tirada no pudo sentir más que la madera fría como la mirada del hombre que amaba.
Sus oídos captaron unos pasos cercanos y se quedó estática, no sabía qué hacer pero además tampoco sabía qué iba a suceder.
Suspiró involuntariamente cuando oyó la puerta principal cerrarse fuertemente.
Caminó como pudo hasta el baño y se refugió ahí ignorando los malos pensamientos. Se miró al espejo: ¿Cuando ocurrió? Se preguntó. Tal vez son las secuelas de los días anteriores, recapacito.
No se quería ver, iba a sufrir con tan solo verse. No quería salir, no lo haria tampoco. El silencio reinaba su hogar, su cabeza daba millones de vueltas pensando en dónde diablos se encontraba su esposo.
En algún bar, pensó ella, como siempre.
Cuidadosamente, se deshizo de sus prendas, encendió la lluvia artificial, espero a que esté en la temperatura perfecta y entró.
Su cuerpo estaba demacrado, bueno, parte de él lo estaba. Sus piernas poseían raspones mientras que sus manos tenían cortes, probablemente, infectados.
No sabia como habia llegado a este punto.
Deshizo los pensamientos que en su mente cruzaban y terminó de ducharse. Se secó y se puso la misma ropa que llevaba. No iba a salir, no iba a arriesgarse. Escuchó unos murmullos, ¿una chica? Abrió la puerta lentamente tratando de no provocar ningún ruido, caminó hacia la sala y asomo la cabeza encontrando una cabellera rubia muy conocida para ella. Ya no era novedad que el la engañaba y tampoco lo era con quien la engañaba. Aquella rubia se presentaba todas las noches en su casa para estar con su marido.
Mirar la escena solo le causaba dolor, no podía hacer nada para que eso no sucediese.
Dar la media vuelta y volver a su habitación era su única opción.
No daba más. Se sentó en el suelo y sus lágrimas empezaban a caer. Recordó lo que ocurrió en la semana que corría: golpizas, insultos y demás que de solo recordarlas la deprimian. No se consideraba la persona que merecía aquello.
No sabia si habia anochecido o ya estaba dormida. Solo encontraba un color negro donde sea que mirase.
((EDITADA: 7/2/16))
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Mujeres asesinas
Short StoryEllas solo corrieron, salvándose de todo. Olvidándose de todos y buscando un lugar: donde nadie sepa su identidad. Donde las mujeres asesinas sean solo un rumor.
