-¡alto!-dijo una voz a sus espaldas. Nero escondió el arma en el bolsillo del pantalón, se giró y trató de disimular el cuerpo inconsciente que tenía detrás.
-este es un área restringida, ¿lo sabías, pollo?-Preguntó el soldado que había hablado primero. Estaban solos, Nero y él, pero el militar estaba en clara desventaja, aunque el G360 que le colgaba del hombro podría insinuar lo contrario. Nero saltó hacia él, y en lo que el soldado se quiso dar cuenta, yacía en el suelo con el cuello horriblemente roto. Nero cogió el fusil de asalto y corrió hacia la puerta de salida. En cuanto alguien viera los dos cuerpos que había tratado de esconder, tendría a toda la guarnición encima, así que más le valía encontrar la salida pronto.<llego tarde a la apertura> pensó el comandante Haffner. Bajó las escaleras a toda prisa y salió a la cámara de radiación.
-¿donde estará ese pedazo de vago?- dijo para sus adentros. Wonmell, el tipo más bruto de toda la guarnición era el encargado de abrir la cápsula donde tenían atrapado a aquel superviviente. Era extraño que no hubiese llegado a la cámara de radiación aún, pues se le había ordenado eso. Miró a su alrededor con gesto aburrido, y cuando se acercó a la cápsula, no pudo reprimir un grito de horror. Estaba abierta, y a un lado, prácticamente ocultos por el aparataje, se encontraban Wonmell y otro soldado, uno con el tronco excesivamente doblado y el otro con la cabeza mirando para atrás.
-¡ALARMA!- gritó Haffner.-¡El prisionero ha escapado!-.
El sonido de la alarma se perdió en la noche
***
Elma corría por el campo bajo la ausente luz de la luna nueva. Se acercó a uno de los bulldozer, que habían dejado de armar estruendo y ahora parecían mansas ovejas pastando. <Ójala lo fueran> pensó, mientras trepaba ágilmente por la pala. Se sacó el cuchillo que había cogido a un soldado y abrió silenciosamente la puerta, que emitió un chirrido. Acuchilló al piloto, que dormitaba. Lo echó fuera del aparato antes de que manchase el asiento y encendió el motor. Éste emitió un suave ronroneo que sorprendió por su bajo volumen a Elma. Apretó el acelerador y se alejó de la casa.
Nero se levantó con un fuerte dolor de cabeza. Tenía la sensación de que se le olvidaba algo. Se levantó y salió por la puerta a tiempo de ver, a lo lejos, unas luces que se alejaban. <Pillar a esta chica va a ser más complicado de lo que pensaba...> dijo para sus adentros, y echó a correr tras el bulldozer que se alejaba.
-¿Qué demon...?- Ed nunca llegó a terminar esa frase, tan complicada para su cerebro. Un monstruo de metal de unas 17 toneladas arrasó con la valla, la puerta, la barrera y la propia cabina donde estaba sentado, jugando con su teléfono mientras llegaba el cambio de turno. El asfalto se aplastaba al paso de la máquina y ni siquiera los tanques de seguridad que había más allá conseguirían detenerla. Su nokia golpeó el botón de alarma y una sirena sonó por todo el edificio, haciendo vibrar los garajes y rompiendo algunos cristales.
Elma tiró de la palanca de cambios y giró el volante. La pala del bulldozer destrozó la verja como una bala atravesando mantequilla. El parabrisas se salpicó de sangre. Debía haberle pasado por encima a alguien. Miró por el retrovisor y le vio de nuevo allí, corriendo detrás, el hombre que la había seguido desde que salió de su casa.
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