¿Nero?- era pronto. Bastante pronto. Pero ya había amanecido. Unos rayos de sol se le colaron entre los párpados y le obligaron a incorporarse. Allí estaban, los siete. Nero recordó lo ocurrido el día anterior. Todo ocurrió muy rápido; su escape, las voces de los otros llamándole; se vio de nuevo a sí mismo arriesgando el pellejo para conseguir las llaves, y luego abriendo las celdas. Y por último, la carrera a través del bosque.
-¡Nero!- La voz lo trajo de vuelta a la realidad. O igual fue el golpe de su arma al caer sobre él, lanzada por Nova. -la munición está seca. Y la de los calaveras ni siquiera se ha mojado. -con calaveras hablaba de los tipos que les habían cogido- En poco tiempo los tendremos encima.
-Gracias, Nova. Vamos a despertar a los otros.-
Sacudieron los cuerpos de los otros cuatro. Cuatro. Cuando notaron que alguien faltaba casi cayeron de espaldas.
-¡Cinco! -Nova y Nero se miraron -¡Mierda, mierda y más mierda!- Mientras que Nova se dedicaba a maldecir, Nero compuso una mueca seria y se agachó. La tierra del lugar donde había dormido el traidor estaba templada aún. No hacía mucho que se había marchado. Desenfundó su arma, extendió el brazo y aguzó el oído. Disparó una. Dos veces. Se oyó un gemido y ruido de hojas aplastadas. Nova se quedó boquiabierto.
-¿Qué demonios? -dijo, casi de forma inconsciente
-creo que lo tenemos. -soltó Nero con una sonrisa- y por cierto, Nova, yo también estoy intrigado de cómo narices he hecho eso.
-Nero -el ruido del disparo había despejado a todos los demás- ¿Órdenes, Nero?-
***
Tres días. Tres estúpidos días de la semana que, aún contando con su regeneración rápida, tendría que estar reposando. Elma exaló un suspiro. Estaba hasta las narices de que ese tal Nero que tanto le sonaba tuviera que hacer todo por ella. <Si esta mierda no estuviera rota, lo habría mandado a donde me dejase en paz y habría vuelto a mi casa. Pero no, tenía que romperme algo> pensó. No tuvo tiempo para maldecir más, pues en ese momento entró Nero en la habitación. Era un joven no muy alto, con el pelo rojo, lacio y descolorido, marca de que no había tenido una vida fácil y llana. Pero en lo que se fijaba una persona cuando le conocía, al margen de lo anterior, era en el complicado tatuaje de cables (o quizá ramas) que tenía en el brazo. Era extraño. Brillaba. Elma no había visto muchos tatuajes que brillaran en su vida.
-¿Holaaa? -dijo Nero, sacándola de sus pensamientos.- ¿Qué tal tu pierna?
-Bueno... supongo que va mejorando. Si haces el favor de decirme qué quieres me ahorrarás pegarte un codazo en el estómago que posiblemente te haga caer de espaldas-
-A ver, para ser sincero, no tengo problema si tú me pegas. Y bueh, la verdad es que tenía curiosidad por saber de qué te acuerdas exactamente. -contestó, levantando una ceja
-digamos que la parte en la que supuestamente sales tú no me suena.-
-ouch- dijo Nero, poniendo cara de dolor
-si no te importa, estaba hablando, ¿vale? -Elma se incorporó, apoyándose en la almohada
-vale -Nero compuso una cara estúpida
-recuerdo algo. Primero, un campo de trigo. Y una casa. Íbamos en un camión, desde no sé dónde, para formar parte de un experimento. Habían prometido una gran suma de dinero y en mi familia lo necesitábamos-
-totalmente de acuerdo -apoyó Nero
-bien, al llegar al edificio nos recibieron unos tipos extraños, uniformados, y nos hicieron pasar uno a uno a una sala. Al llegar mi turno aún no había salido ninguno de los que entraron. Pero hice acopio de voluntad y seguí el camino que los hombres me marcaron. A partir de ahí no recuerdo mucho. Agujas, luces y una cápsula de cristal. Eso es todo. -concluyó-
-bien, yo resolveré tus dudas, si es que las tienes -Dijo Nero, sentándose con una media sonrisa-
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