Philtatos /φιλτατος/: el más querido.
" <<Jamás voy a dejarle. Será así siempre, hasta que él me abandone>>.
Habría expresado esa idea en voz alta de haber habido palabras para expresar
aquello, pero no parecía haber ninguna con capacidad suficiente para abarcar aquella verdad cada vez más grande.
Él alargó la mano en busca de la mía como si me hubiera oído. No tuve que mirar; tenía grabados en la memoria sus dedos delgados y cubiertos de venas delicadas como pétalos, dedos fuertes y raudos que jamás cometían un error.
—Patroclo —dijo. Siempre se le habían dado las palabras mejor que a mí."
—La canción de Aquiles, Madeline Miller.
Había nacido con tan solo un destino: luchar. Luchar y ser el mejor entre todos. Era algo que sabía des de que tenía uso de razón, pero que nunca, ni mi madre ni mi padre, habían admitido en voz alta. Ya lo sabía de sobra. Uno cuando nace de las entrañas de una diosa, no espera a que tenga una vida fácil y sencilla.
Nací en la corte de Ftía, entre sabanas de seda y en manos de una comadrona. Mi madre se llamaba Tetis, era una ninfa del mar a la cual habían robado la juventud y vida casándola con mi padre. Era alta, con toda la presencia de una diosa, pálida y de cabellos oscuros. Su belleza no se podía explicar, te quitaba el habla con tal solo verla. La boda fue celebrada por todo lo alto, todo el Olimpo había sido invitado y se sirvió mucho vino y ambrosía. Nada más casarse ya estaban anunciando que Tetis se encontraba en cinta. Pasó nueve meses fuera del agua, sufriendo y odiando a mi padre. Por eso, en cuanto vio que yo ya no estaba atado a su cuerpo, se levantó, me plantó un beso en la frente y saltó por la ventana, cayendo y desvaneciéndose en espuma al llegar al agua.
Yo no había nacido fruto de un amor. Peleo, mi padre, forzó y violó a mi madre en la noche de bodas. Ella no estaba destinada a casarse con un mortal, pero dado a que iba a engendrar un hijo más grande que Zeus, éste lo evitó casándola con Peleo. Tetis odiaba y sigue odiando a Peleo por lo que le hizo, no siente más que repugnancia por él. Aun así, por mí, siente un gran amor, un amor que llega a ser asfixiante. Pues cuando saltó por la ventana, no me abandonó, siguió visitándome. Ella no estaba dispuesta a abandonarme, pero tampoco a seguir viviendo al lado del hombre que más odiaba.
Así fue como yo, Aquiles, crecí como príncipe de Ftía, cuya corte estaba llena de guardias, esclavos y otros niños los cuales habían sido exiliados de sus patrias.
Se decía que mi padre, en el pasado, había sido un fugitivo como ellos y se compadecía de todos esos muchachos que se encontraban en la misma situación. Así que cuando Ftía fue suya, convirtió el palacio en un hogar para esos niños. Él les daba un techo, comida y educación. Era como una especie de padre para todos esos muchachos, sin embargo, detrás de todo eso, había el objetivo de construir un ejército. Pero todos eran conscientes que, sin o con patria la única misión en la vida era esa, luchar y servir a tu pueblo. Así era la vida de todo hombre griego. A mí no me importaba, desde que era un bebé había convivido con todos esos chicos y además, pensaba que lo que hacía mi padre estaba bien. Las guerras van y vienen, siempre se ha de tener un buen ejercito preparado.
Todos eran tratados por igual, excepto a mí. Tenía todo lo que un príncipe necesitaba y lo que quería. Siempre estaba rodeado por un gran grupo de muchachos, preparados para halagarme o hacerme la pelota. Me libraba de ellos cuando llegaba la hora de hacer clases, no hacía las mismas que ellos, pues al ser un príncipe tenia otras tareas. Agradecía la simpatía que me brindaban, pero a veces solo quería que me dejaran en paz. Sabía que ninguno de ellos era mi amigo porque yo cayera bien, si no solo por conseguir ser mi compañero de armas. Eso era por lo que todos me seguían, halagaban y hacían cualquier cosa que yo les dijese. Así eran todos menos un muchacho.
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Philtatos
Short Story"Me bastaba con un simple roce o el olor para identificarle; y si me quedara ciego, podría reconocerle por el modo en que respiraba o en que pisaba el suelo. Le reconocería en el fin del mundo, incluso en la muerte." Sobre cómo el hombre que dir...
