octubre 27 1992

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Un fuerte ruido me despertó. Vi la hora y eran las 8:24am cuando entro el doctor y una enfermera

-Buenos días Aníbal -Dijo David sentándose a mi lado

-Buenos días doctor –respondí

-¿Cómo te sientes?

-Bien, ¿y usted?

-La verdad muy bien y al ver que te has recuperado muy rápido. Estoy muy feliz por ti

Al notar que yo no iba a seguir con ese dialogo tan absurdo continuo diciendo

-Aníbal ¿te importa si hablo un momento afuera con tu mama?

-No –respondí

-¿Te han dicho que eres un chico de pocas palabras?

-Si

Soltó una sonrisa y luego él, mama y la enfermera salieron a hablar en el pasillo. Ahora si le di un poco de importancia al asunto de "hablar afuera" No sé si así era en la vida real, pero en las películas siempre que los doctores les piden a los familiares que salgan para hablar un momento en privado nunca son buenas noticias. Siempre es para decirle cosas como:

-Le queda poco tiempo de vida

-señora tiene que ser fuerte por el bien de su hijo

-debemos hacer un trasplante pero no hay un donante

-lo siento mucho, los análisis confirmaron que tiene cáncer

Sea lo que sea, enserio esperaba que me quedara poco de vida. -los tres entraron de nuevo a la habitación y por el rostro que tenia mama me di cuenta de que ella había estado llorando afuera. En efecto, eso solo podía indicar que le habían dicho una mala noticia. Así que me puse muy feliz

-Aníbal queremos presentarte a alguien -dijo la enfermera

Entro una señora de pelo corto con rasgos asiáticos aunque de piel morena, lo cual me confundió un poco. Que yo sepa las chinas son blancas. Iba muy bien vestida, se veía muy profesional y al verme soltó una sonrisa

-Ella es la señorita: Mauren Grassi –Dijo el doctor

-Es un placer conocerte, Aníbal –dijo estrechándome su mano

Sonreí levemente y asentí

-¿Te preguntaras que hago aquí? o ¿Quién soy? Bueno Aníbal, te tengo buenas noticias. La razón de que yo me encuentre hoy aquí es que ya estas completamente sano. y el doctor David decidió darte de alta

Sentí como si me hubieran clavado un cuchillo directo en el ojo. No lo podía creer, tenía tantas ilusiones. Yo creía que iba a morir o algo así. Esas no eran buenas noticias, eran pésimas. Estaba casi seguro que me dirían que me quedaba poco tiempo de vida y ahora llega esta maldita china negra a decirme que ya todo está bien, que dentro de menos de lo que yo esperaba tenía que volver a la vida real y seguir siendo la basura para todo el mundo.

-Pero eso no es todo -continuo diciendo

¿Ah es que hay más? -pensé- ¿ahora qué? ¿Qué van a decirme? ¿Qué por casualidad o por milagro de un ser divino las pastillas que me tome ligadas con el cloro resultaron ser el elixir de la vida y que ahora nunca moriría?

-La razón por la que estoy en realidad aquí –continuo diciendo- es porque yo soy representante del instituto BACMAD

-¿Qué es eso?- le pregunte interrumpiéndola

-Es un instituto sin fines de lucro -explico- creado para ayudar a los jóvenes con problemas de bulimia, anorexia, consumidores de metanfetaminas, alcohol y depresión. En pocas palabras, somos un centro de rehabilitación. Reconocidos por nuestros servicios internacionalmente, en nuestras instalaciones te enseñaremos a quererte, a valorarte, a que sepas lo que vales y que estés orgulloso de ti. Cambiaremos tu mentalidad. Mejor dicho te cambiaremos completamente –soltó una sonrisa con una seguridad que intimidaba- con el tiempo descubrirás que puedes hacer cosas grandes, tendrás ganas de vivir y sabrás que tienes un maravilloso futuro por delante. Te daremos charlas, clases, ponencias de personas que pasaron por cosas hasta peores que las tuyas y que hoy en día son personas muy importantes e influyentes a las cuales muchas personas admiran, quieren y respetan mucho

Mientras ella seguía hablando. Solo quería tener un cuchillo para enterrármelo yo mismo en el ojo, o mejor. En el corazón

-Mañana temprano –dijo el doctor- tendrás que irte del hospital, y la gente de BACMAD vendrá por ti

-¿Cuánto tiempo estaré en ese lugar? – pregunte

-Hijo tu estás enfermo y yo creo que la gente de bacmad pueden ayudarte con eso –dijo mama con lagrimas en los ojos, supongo que se sentía apenada por tenerme como hijo o de cierto modo culpable por todo lo que había sucedido- por lo cual ya no puedes estar aquí. Tenemos que sanar otro tipo de heridas que tienes

Todos esperaban que yo dijera algo, pero no lograba decir ni una sola palabra. Estaba muy confundido y un poco asustado, si de algo estaba seguro es que yo me quería morir no irme a un internado. Así que decidí levantarme

-No, no quédate ahí –dijo David

-Tranquilo solo quiero ir por un poco de agua -respondí

-Hazle caso al doctor Aníbal, yo te la busco –dijo mama

-No. solo quiero ir por un poco de agua yo mismo

-Déjalo, está bien –dijo David poniéndole una mano en el hombro a mama

El agua estaba en una pequeña mesa a un lado de la puerta. Ellos se acercaron y empezaron a hablar en voz baja. Me serví el agua y mientras la bebía pensaba en todo lo que esa señora había dicho y de algo estaba seguro y es que ese lugar no debía ser tan maravilloso como ella lo mostraba y allí no quería ir, cuando los vi concentrados hablando. Abrí la puerta y salí corriendo

-¡HEY!, HEY ANIBAAL –grito el doctor

Corría y corría, no tenía idea de lo que hacía o a donde ir, ni mucho menos tenía un plan, solo sabía que quería salir de ahí. David y la enfermera venían corriendo detrás de mí gritando que me detuvieran. Un enfermero lo hizo. Me tomo por el brazo, pero con el otro le golpee fuertemente la nariz dejándolo un poco inconsciente y haciendo que me soltara. No sabía cómo había hecho eso solo sabía que lo había hecho. En ese momento me sentía como un animal salvaje al cual intentaban cazar. Y es que al salir corriendo no lo pensé. Fue más bien como un impulso o por instinto. Abrí una puerta que decía: escaleras. No decidía si subir o bajar pero recordé la ventana de la habitación y que estaba más o menos como en un cuarto piso así que sin dudarlo decidí bajar. Corría descalzo por cada uno de esos escalones fríos como si mi vida me importara y tuviese que salvarla. Mi corazón estaba tan acelerado y sonaba tan fuerte que juraría que cualquiera que se me hubiera acercado a un metro, lo hubiera escuchado. Finalmente abrí la última puerta y llegue a un lugar llamado: Recepción. Había un pasillo largo justo enfrente de mí y al final una puerta con el letrero de: Salida. La puerta era de vidrio así que podía ver la calle. Me detuve un segundo mire a todos y todos me miraron. He intente caminar tranquilo hacia la puerta como si nada estuviera pasando

-DETENGANLO –alguien grito desde las escaleras

Y empiece a correr de nuevo. un par de enfermeros y guardias corrieron para detenerme, me agarraron dos de ellos, pero yo seguía intentando con todas mis fuerzas soltarme. En ese momento llego una doctora por detrás y me clavo una inyectadora en la pierna izquierda, caí en el suelo y me empecé a sentir muy cansado, vi que llego el doctor con mama. Ella se agacho y dijo

-Aníbal...

Luego ya no vi ni escuche nada más


ESTO NO TIENE UN FINAL FELIZWhere stories live. Discover now