Capítulo 2: Las tareas de antes del Juicio.

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Como dije anteriormente, aquella noche la pasé despierto. Eso que el pobre ladrón dijo sobre su mundo me causó bastante curiosidad, ¿era cierto aquello sobre de que de dónde él viene está todo podrido? ¿tan mala era la situación? Era algo que tenía que ver con mis propios ojos, si la misma Llama aceptó dar algo de su calor hacia el mortal era porque esa voluntad que tuvo era sumamente grande, por lo que no podía estar mintiendo.

Dicen que el Universo fue creado por el Big Bang, una gran explosión que trajo la vida (y lo que no es la vida, todo sea dicho de paso) junto a las galaxias, sistemas, planetas, etc... Pero hay una explicación que, aunque de primeras os puede parecer algo... ¿imposible es la palabra?, es algo real.
Resulta que en los mismos astros que cruzaban los Altos Cielos se encontraba siempre Orador, el Padre del Multiverso. A decir verdad, el nombre le puede venir algo grande, pero si bien es verdad, es que es capaz de crear dimensiones a las distintas realidades y de paso crear alguna galaxia y, si me apuras y en grandes palabras, un universo.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Bien, pensad por un momento que quieres ver con tus propios ojos como un mundo de mortales está en ruinas tal y como tu acusado dice. Eres un Dios de la Justicia algo cabezota y te carcome la curiosidad... ¿a dónde irías? Hm, no sé, ¿por qué no podría existir un tipo capaz de viajar entre dimensiones que me muestre algo del mundo de los vivos? Eh, espera un momento, ¡si yo conozco a uno! ¡Vaya Orador, creo que vas a tener visita!

Y en efecto, ese mismo día la tuvo, justo al salir del palacio de los Dioses alcé el vuelo hacia lo que parecía el infinito, hacia las estrellas, hacia las constelaciones.

La brisa daba con fuerza en mi rostro mientras yo, decidido, ascendía y ascendía y ascendía haciendo caso omiso al fuerte viento que mecía mis alas. Pronto acabé en medio de aquella nada, por lo que decidí que era buen momento para llamarlo.

— ¡Orador! ¡Soy Kiath Thais, solicito tu presencia! — dije imponente. Bueno, al menos intentando serlo. No ocurría nada, aquel ser no respondía ante los Dioses, ciertamente. — Orador, preciso de tu ayuda. - traté de poner una voz menos autoritaria, era una entidad muy orgullosa.

Observé como las lejanas constelaciones y galaxias se arremolinaban y se iban juntando, parecían acercarse a mí, y, de hecho, lo hacían. Estaban formando una gran figura con la apariencia de un dragón, dos soles se situaron formando lo que parecian unos ojos, el cuerpo estaba hecho de astros y polvo de estrellas.

 Estaban formando una gran figura con la apariencia de un dragón, dos soles se situaron formando lo que parecian unos ojos, el cuerpo estaba hecho de astros y polvo de estrellas

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En sus manos sujetaba un Universo, su rostro infundaba respeto. Derrochaba una cantidad de energía considerable.

— Habla. — su voz producía un eco algo peculiar, pues era una voz que insiparaba paz y temor a la vez, algo difícil de describir.

— El mundo de los humanos, ¿podrías mostrármelo? Tengo algo que ver con mis propios ojos.

Orador se rió, su sonido era atronador.

Saga de los Altos Cielos: La Justicia no es ciega. {En constante actualización}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora