Hoy es otra de esas noches. ¿Sabes de lo que te hablo?
Digamos que hay noches buenas. Esas que no tienen nada de especial, estás sola en tu habitación, pero todo está bien, tranquilo. Tienes música puesta, estás leyendo o pintándote las uñas, o sintiendo el aire en la ventana. No sé, simplemente, estás en paz. ¿Sabes de lo que te hablo?
Digamos que hay noches de euforia. Esas en las que ni siquiera pasas por casa, te ríes tan fuerte que acabas llorando, vas en un coche a 120 por hora con la música a tope o caminas hasta que te duelen los pies, pero nada importa, porque eres feliz. ¿Sabes de lo que te hablo?
Digamos que hay noches malas. Esas en las que no puedes con nada, y menos contigo misma. Que creas en lo que creas terminas rezando por desaparecer, que te cuesta respirar y parece que te va a explotar el pecho. Noches en las que sientes la necesidad en la piel. En las que lloras, bebes, fumas, pintas o escribes, en las que haces lo que sea con tal de evitar aquello por lo que hace tiempo el psicólogo dejó de preguntar, así que también dej(ast)e de decir. ¿Sabes de lo que te hablo?
Pero digamos que hay noches en las que ya no tienes ganas de intentar no hacer nada. En las que te acaricias cariñosamente con el filo, anhelando secretamente un descuido de tus fuerzas. Y puede que trates de pedir ayuda, pero tampoco le hablas a nadie, porque realmente no quieres que te ayuden. No quieres que te paren.
Digamos que hoy es una de esas noches. Y espero de verdad, con todo mi corazón, que no sepas de lo que te hablo.
