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Sus pasos calmos resonaban en la noche, rompiendo el silencio del bosque. Vestida como una oscura doncella, con elegantes prendas que destacaban su palidez y su aire aristocrático, se deslizaba silenciosa y sonriente. Una sutil y misteriosa sonrisa, tal vez la de la misma Mona Lisa.
Su blanca piel resaltaba con el azul del vestido gótico junto al negro de los detalles del mismo y sus largos cabellos sueltos, los cuales el viento mecía con perturbadora solemnidad. El frío no parecía afectarle, tampoco la creciente humedad. Para Dastya, esos eran detalles mínimos que no eran dignos de su profunda atención.
En su mano yacía su violín enfundado, con el cual esperaba dar pronto uno de sus muy amados conciertos bajo la cristalina y esplendorosa noche. En la otra sostenía su paraguas cerrado, puesto que sabía que más tarde llovería y no quería ensuciar de lodo su vestimenta gótica.
El camino no era muy largo, aunque a su pareja no le gustaba en lo absoluto que transitara sola por allí, mucho menos a pie y durante la noche. Hacía unos pocos años que ella había huido de casa y se había instalado junto al "amor de su vida" en una pequeña y humilde casa de madera en la linde del bosque, justo frente a la laguna de aguas esmeraldas. El pueblo quedaba a menos de un kilómetro, y la ciudad más próxima, a veinte minutos en coche y treinta en autobús. A ella le parecía perfecto, pero no lo soportaba.
Los minutos pasaron, hasta que las botas negras pisaron el cemento de la primera acera del pueblo. No era muy tarde, alrededor de las ocho en un horario invernal, y las calles del pueblo aún se veían rebosar de gente que iba a vacacionar al lago con sus familias. La joven se quedó de pie unos instantes, como si recuperara el aliento aunque no era así en lo absoluto. Sus ojos oscuros recorrieron unos segundos las casas y las tiendas a lo lejos, antes de seguir caminando.
Esta vez no se detendría en el pueblo, deseaba ir a la ciudad a tocar. Inundar las calles de cultura y arte mientras la lluvia servía de coro a sus melancólicas notas. Con paso más rápido, en pocos minutos llegó a la calle principal, atestada de turistas que con miradas curiosas reparaban en ella, y cogió el autobús que se acercaba tarde, como siempre. Se sentó en el único asiento libre que quedaba, en el fondo y junto a un hombre que le dirigió una mirada cargada de deseo a su escote. Pero ella no se inmutó, no le importaba en lo absoluto. Su piel se estremeció ligeramente por el frío.
Los minutos pasaron. Dastya parecía perdida en un mundo de fantasías y pesadillas, de contradictorias utopías. Parecía resplandecer en aquel autobús, su blanca piel de porcelana y su sonrisa misteriosa, triste, hermosa. Parecía la mujer más bella del mundo, la perfecta mujer de porcelana con aspecto de niña perdida en el tiempo. Rebosaba juventud, perturbaba a quienes la miraban con su aire de aristócrata.
Llegaron a la ciudad.
Allí, el viento parecía hacer una carrera contra el tiempo, contra la velocidad de los coches. Su fuerza y velocidad era increíble, provocaba que los pliegues del vestido de la violinista danzaran como olas en plena tormenta. La muchacha, de tan sólo diecisiete años, continuó su camino hacia su esquina ya conocida, aquella en donde había una pequeña tienda de juguetes artesanales. Al frente, había una tienda de espejos, que solían reflejar la solemnidad de ella mientras tocaba, dejando salir la angustia de su alma reprimida. Porque Dastya, aunque no lo pareciera, no era feliz.
Un suspiro profundo. Desenfundó con cuidado su preciado violín y tensó con suavidad las cuerdas. Comprobó que estuviera bien afinado, mientras a su alrededor, escuchaba las palabras y exclamaciones de los niños más pequeños al pasar junto a ella, y luego detenerse a observar embobados las vitrinas de la tienda. Volvió a tiritar, pero esta vez de emoción. Siempre que tocaba, se emocionaba demasiado. Era su mayor felicidad.
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Caja de Muñecas
Paranormal"Montando en un carrusel, sobre el corcel más blanco. Columpiándome sobre una laguna de sueños, o jugando a las escondidas en un castillo de princesas. Viviendo en una casa de muñecas. Escapando del lobo, soñando por el bosque... ¿Lobo, estás?" Tres...