En el jardín

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¿Saben qué era lo que más me gustaba del kinder o jardín de infantes? Participar en los actos escolares, o en los festivales, como los llamamos en México. Me sumaba a festivales propios y ajenos. Para darles un ejemplo: cuando yo estaba en el kinder y mi hermano Mauricio en la primaria, él integraba lo que se llamaba la “Banda de Guerra” y yo me sumé a tocar el tambor.

¡Ahí estaba de “huele moles”! ¿Saben qué quiere decir? Huele moles es una expresión mexicana que se usa para decir que una perdona está en todo. En países como la Argentina la llamarían “metiche”. Hay fiesta y ella está, hay una reunión y está.

 El kinder al que fui se llamaba Leandro Valle, y estuve por allí, haciendo de las mías, de los cuatro a los seis años

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El kinder al que fui se llamaba Leandro Valle, y estuve por allí, haciendo de las mías, de los cuatro a los seis años. Me llevaba mi abuelita, mi mamá o mi papá y desde el primer día me Italianos quedé sin problema. Me gustaba mucho ir. Tanto que cuando me venían a buscar, siempre me demoraba jugando o hablando, fundamentalmente con los chicos. Era, como se dice hoy, bastante “varonera”.

A la hora de jugar, me adaptaba a todos: si los chicos estaban jugando fútbol, jugaba, y lo mismo me sumaba a las niñas si estaban con las muñecas.

Cuando salía del jardín, nueve de cada diez días estaba hecha un desastre: mugrienta, toda sucia y despeinada. El uniforme era gris oscuro, pero todos los días me lo tenían que cambiar.

En cuanto a los amores que todos dicen tener en la infancia, tengo también que confesar algo: creo que no me gustaba ningún chico en el jardín y no tuve noviecito.

En cuanto a los amores que todos dicen tener en la infancia, tengo también que confesar algo: creo que no me gustaba ningún chico en el jardín y no tuve noviecito

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¡OJO CON KAROL!

Cuando era chiquita, iba al lugar donde mi abuela servía comidas, me ponía mi delantalcito y limpiaba los platos y las mesas. También le llevaba la comida a la gente y me daban propina. Prefería que me dieran monedas a billetes porque pensaba que valían más.

Tanto me acostumbre a eso, que a veces íbamos a comer tacos con mi familia a otras taquerías, y yo pasaba por las mesas y me quedaba con las propinas porque creía que me las dejaban a mi. Así que mis primos me gritaban “¡Nooo!”, y cuando salíamos a comer siempre decían: “Ojo con la güera. Agárrenla que se lleva las propinas”.

Soy Karol SevillaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora