Fecha de caducidad.

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Nos topamos con obstáculos.
El tiempo se enmaraña en mis dudas.
Estabas vos y tu imagen traslúcida, te veo a través de la botella y sé que es tu reflejo, qué a la que veo no es la de verdad.
Con un comienzo intenso, de realidades pecaminosas, de tu cuerpo junto al mío y tus labios queriendo arrancar los míos.
De todo esto que crecía en nuestro estómago como quien riega su jardín esperando a ver florecer todo lo que en el se encuentra.
Las mariposas en el estómago se volvían más fuertes.
Mis nervios no cesaban y mis manos no dejaban de vibrar al tocar tu cuerpo.
Nuestros encuentros eran directos, nunca nos mentimos, eras mía y yo tuyo.
La agonía de verte pérdida, lejana y distante de mis aguas.
De tenerte a ratos y cargar con las dudas a tiempo completo.
Era un romance muerto.
Nos cargaba la pasión, te resguardaba en mi pecho como esos deseos imposibles, como pensar en una vida eterna retando a la muerte aunque en el fondo te estrellas con la verdad.
Cada día pasaba y te tenía fisicamente, eso ya no me llenaba.
Miraba tus caderas, la bella silueta de tus clavículas con las luces tenues.
La curva que se hacía entre tu espalda baja y tus nalgas.
Y aquí era donde me preguntaba, ¿Por qué algo tan malo me hace sentir bien?

Estábamos destinados a coincidir por un tiempo.
Ese tiempo era corto.
El tiempo nos asesinaba.
Los amaneceres eran días nuevos para explorarte, para sentir que te estaba ganando.
Las noches eran de realidades en las cuales te perdía y no podía hacer nada más que seguirte deseando.
No hay marcha atrás, voy para tu casa encendiendo un cigarrillo y te vuelvo a mirar.
Follamos toda la tarde y sin ver para atrás me despedí de ti como los niños se despiden de sus sueños al madurar.
Así éramos vos y yo, complicados como la luna queriendo besar al mar.

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