IV

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Esto funciona así, yo vivo solo. Nadie me molesta, soy feliz. Así de simple, pero ese tipo se está pasando de mi límite. No le basta con poner música hasta altas horas de la noche, necesita poner mala música, pero no quiero ser tan intolerante, solo música que a mí no me agrada, es más, aborrezco. He tratado de contrarrestar mi antipatía hacia él, saludándolo, invitándole un café para conocernos, pero siempre se niega, hace caras y gestos que yo considero de mal gusto, por favor ni que le estuviera pidiendo algo malo. Se mudó a hace poco más de dos semanas y se siente dueño de todo el piso. Pero en fin dejaré de quejarme.

Seguiré contando parte de mi vida. Renté este sitio, Doña Lupe me hacia el favor de mantenerlo intacto, nadie quería estar en el último piso de un edificio de cinco pisos, mucho menos en una zona tan poco favorecida de la ciudad. Siempre estaba vacío y era perfecto para mí. Claro de repente todo se llenó y ella rentó un cuarto aquí, en el último piso. En fin, la comprendo, yo también rento a otras personas y sé que es necesario el dinero y no puedes negar una renta, además la dueña es ella.

Hace también unas semanas que no la veo, la quiero ver. No sé ni cómo se llama, pero le llamaré Marí, así con acento, se escucha elegante y misterioso pero no deja de ser muy simple, me gusta. Marí junto con Don Beto y Doña Lupe, son las únicas personas con las cuales podría tener una amistad dentro de este edificio, o quizá algo más en el caso de Marí. Sin embargo a penas cruzo palabra con Doña Lupe y a Don Beto lo visitó únicamente los viernes, sería incapaz de acercarme a esta fémina. Nunca he sido los suficiente valiente o estúpido para acercarme a una. Doña Lupe es una excepción (no quiero ser malvado, sólo realista), ella parece hombre, tiene pelos por todos lados, usa un cabello corto, su mirada es ruda y es regordeta, creo que sería un hombre de no ser por sus grandes senos colgantes. Sentí escalofríos de pensar en su esposo. Posiblemente tenga instintos homosexuales al tener como esposa a un semi-hombre. Pero basta ya de hablar de ella y su aspecto, son cosas que tienen poca importancia.

Don Beto es otra cosa. Un contador retirado obsesionado con la cultura inglesa. No tiene esposa, no sé si la tuvo. Nunca ha sido visitado por algún familiar o al menos desde que estoy viviendo aquí. No habla de su familia y nunca se lo he preguntado, por eso me agrada. Si lo vieran por la calle pensarían de inmediato en un habitante de la época victoriana, su sombrero y abrigo aún en tiempos de calor, su bastón que hasta hace dos años sólo era un accesorio. Su delgadez y su forma tan recta de caminar, modales que impresionan incluso a las clases altas, y no se diga su infaltable té a las cinco de la tarde. Su casa está repleta de libros, según sus historias, desde que tiene memoria compraba libros los leía y los metía en una caja, cuando se mudó a este lugar rentó un departamento (no un cuarto como el mío) en el primer piso y derribó, con permiso de Doña Lupe y un amigo de esta que fungía como arquitecto, una pared para crear un estudio de lectura con todos y cada uno de los libros que él había leído. Hace tres años los contó, es curioso ya que él era contador, calculó seiscientos cuarenta y tres libros de los cuales me he leído aproximadamente una  cuarta parte. También por eso voy los viernes, siempre tengo algo nuevo que platicarle y sí no me lo invento.

En fin, no voy a hablar del semi-hombre y del caballero inglés de los libros. Voy a seguir hablando, eso no lo duden, compré una libreta y quiero que solo ustedes y yo podamos leerla. 

MolonyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora