Intereses. Lousten

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Louane salió al jardín trasero de la escuela. Las rosas perfumaban el ambiente. Caminó con paso tranquilo hasta la banca en la que alguien ya le esperaba. Se sentó con elegancia y miró a su interlocutor. Esperaba que sus nervios no se hubieran notado.


—¿Por qué me citaste aquí? —preguntó directamente con voz suave. Su mirada indiferente evitaba que su verdadera preocupación saliera a la luz.


—Ninguno de los dos somos dados a los rodeos, Louane, ambos lo sabemos.


Ella asintió.


—Así que diré esto directamente: Sal conmigo. Sé mi novia —soltó sin emoción alguna.


Louane le miró. Estaba algo consternada. Sí, se llevaban relativamente bien y ella misma lo había visualizado como un buen compañero para pasar el tiempo y tal vez ser algo más, pero esa forma de declararse era demasiado fría. Las palabras eran las que anticipaba escuchar pero no de esa manera.


—¿Pasó algo? —preguntó sin poderlo evitar.


—Mi madre me ha dicho que los intereses de nuestros padres convergen y lo mejor es que tú y yo salgamos.


Ella quiso suspirar. Así que era por eso. Al final la estaba viendo como un objeto, como un peldaño en una escalera social. Ella le miró fijamente, de repente se sintió idiota por haber confiado en él. De repente sus buenos momentos parecieron actos de una obra de teatro. Se armó de valor y habló:


—¿No crees entonces que es mejor que salgan entre ellos? —dijo levantándose y alisándose la falda del uniforme—. Mis intereses no están para nada inclinados a la política. Lamento no poder salir contigo dado que nuestros intereses no convergen —declaró haciendo énfasis en las palabras que él había utilizado.


Acto seguido despertó.


Se había quedado dormida en el sofá de su habitación. Estaba acurrucada contra Jost, al final habían intentado ver una película romántica que había adormecido a los dos. Casi sonrió. ¿Debería preguntarle a Jost sobre sus intereses? Se permitió suspirar profundamente.


Con él todo había sido diferente, nada de formalismos, nada de apariencias, nada de estereotipos a satisfacer; ambos habían sido honestos desde el principio, tal vez demasiado y por tanto ahora ambos eran vulnerables, pero por primera vez en mucho tiempo ella sentía que algo valía la pena.


Estiró su mano acarició los cabellos de Josten y cuando no pudo soportar la tentación de tocarlo se le mordió suavemente en el hombro. Él la tomó por sorpresa y la encarceló en muy apretado abrazo de oso.


—No es que me esté quejando, pero, ¿a qué debemos esa forma tan linda de despertarme?


Louane le dedicó una sonrisa ladina y no le contestó, se limitó a disfrutar de aquel abrazo.


Jost suspiró, así que para ella aún era difícil decir en voz alta sus sentimientos. No le importaba, estaba más que feliz con los pequeños gestos que ella le dedicaba para demostrarlos. Acto seguido besó sus cabellos y le dio reproducir a la película, esperaba que no se quedaran dormidos ahora. Al fin al cabo ninguno de los dos tenía real en las pelis románticas.  

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