Tentación

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Tentación

La alarma del despertador la despierta bruscamente. Había tenido un sueño profundo. Ya eran las 7 am y no tenía tiempo que perder. Bajó sus pies de la cama, y los apoyó sobre el piso. Sintió dolor. Se había cortado; el piso estaba lleno de vidrio. Por lo visto procedía de su porta-retrato que yacía boca abajo. Se sentó nuevamente sobre su cama, y levantando su pie, lo examinó. Con sumo cuidado, retiró el pequeño pedazo de vidrio que estaba incrustado en su talón. Esto ocasionaría un retraso y tenía muchas cosas que hacer el día de hoy.

Abrió la gaveta de su mesita de noche y rápidamente tomó una curita, la cuál se colocó con poco cuidado. Se bajó del otro lado de la cama, tomó sus pantuflas y buscó rápidamente un trapo mojado para recoger los restos de vidrio de su roto porta-foto. Al levantarlo del piso, notó algo extraño. La foto en la que salía junto con Andrés no estaba allí entre los escom- bros de vidrio. "¡Qué extraño!", pensó. Pero en verdad no tenía tiempo para descifrar la misteriosa desaparición de la foto. Luego, con más calma podría buscarla. Quizás estaba debajo de su cama, o debajo de su mesita de noche. Fácilmente pudo haberse deslizado, concluyó mientras tomaba su ropa del sillón. La noche anterior había escogido su vestimenta para la ocasión del día de hoy. Ella y Andrés estaban saliendo formal- mente como novios desde hace un mes. Además, él la estaba discipulando, es decir, enseñándole de la biblia y acerca de su relación con Jesús, el hijo de Dios. Lo ideal sería que otra 

hermana en Cristo lo hiciera. Lo usual es que un hombre discipule a un hombre, y una mujer a una mujer. El asunto es que en realidad Karina ya había recibido discipulado en el pasado durante 5 meses por una señora llamada Nancy. Ella aún estaría dispuesta a hacerlo, pero la situación era compleja. Karina no debía hacerle saber a nadie más acerca de lo que le había ocurrido con su memoria. Eso de los ladrones del tiempo se- ría algo que podría traer temor a toda la congregación. Algo como eso jamás se había visto, aún entre todas las historias de manifestaciones demoníacas, nadie había sido víctima de una pérdida de memoria ocasionada por entes de las tinieblas.

Ella aún no sabía a detalle cuales habían sido sus palabras, pero la anterior Karina había sido enfática en cuánto a esto en la carta dirigida a Andrés. Él siempre le decía, "Kari, sé prudente. Conviene que nadie sepa lo que te ha ocurrido. Cuándo sea el momento indicado, Dios lo dará a conocer, pero aún no es el tiempo".

La emoción corría por su piel. Habían cumplido un mes juntos y ya se sentía muy enamorada de Andrés. "¡Qué hombre sin igual!", pensaba. Ella no podría imaginarse a alguien que pudiese amarla más que él. No todo el mundo estaría dispuesto a estar con ella con eso de la pérdida de memoria. Y a decir verdad, no todo el mundo se molestaría en enamorarla otra vez. Pero precisamente eso era lo que él había hecho. Habían cosas que él había repetido, tan sólo porque el recordaba la expresión del rostro de Karina cuándo lo había hecho la primera vez. Detalles cómo la vez que la había llevado a la playa y había colocado una mesa con comida a la orilla del mar. Ellos almorzaban mientras que sentían las olas del mar recorrer sus pies. A la final, esta segunda experiencia se había convertido en algo muy gracioso, dado a que uno de los vigilantes le había llamado la atención a Andrés por haber traído una mesa con comida hasta la orilla. Esto no había ocurrido la primera vez con el otro vigilante que sin ninguna objeción le había permitido tener ese detalle para con ella. Sin embargo, y a pesar del 

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⏰ Última actualización: Sep 20, 2017 ⏰

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Ladrones del tiempoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora